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Chicas malas

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24.07.2026

Esto es lo que dicen, lo que está grabado en cemento: las chicas malas terminan mal. Aunque a veces terminan peor las supuestamente buenas que no lograron nada, partiendo por no conectarse con ellas mismas (“pobrecitas”). Pero esto no es acerca de chicas buenas.

Partamos por lo importante: el nuevo álbum de Madonna.

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Confessions II es, ante todo, una segunda parte que amplía esa obra maestra prodisco que es Confessions on a Dance Floor. Solo esta apuesta basta para sacarse el sombrero. Madonna, con casi 68 años, vuelve a las pistas (“literalmente, galla”) y no solo produce su mejor álbum en veinte años sino que en pleno Mundial (“y con el apoyo de Grindr”) triunfa como hace tiempo no lo hacía. En todos los frentes: rankings, Spotify y ventas. A eso se suma algo que pocos artistas de un tiempo a esta parte logran: se cuela, agita y, luego, modifica la cultura. Porque si bien el disco es una letanía acerca de la tercera edad, las pérdidas y el paso del tiempo, lo es desde otro ángulo que no es el del lamento. Madonna decide bailar y el disco no para, como si un DJ con molly (en MDMA, o sea en éxtasis) pusiera un tema tras otro.

No son dieciséis canciones: es un solo tema, una sola noche de baile. “That’s why I like to go dancing; safety in numbers” (“por eso me gusta ir a bailar: hay seguridad en el grupo”), confiesa, y tiene un punto: hay algo reconfortante en el anonimato de las multitudes en una pista de baile. En Danceteria repleta los versos con nombres de quienes aún están y de todos los que ya no están (“Los muertos”, de Joyce, con ritmo), como Keith Haring y Basquiat transformando el........

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