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Flamenco en modo avión: Del '¡Amo a escuchá!' a '¡Vamo a grabá!'

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01.06.2026

Imagen de una fiesta flamenca en Jerez. / El Correo

De los creadores de las toses secas y nerviosas que se desatan en cuanto cuando se abre el telón llegan las horteras melodías de teléfonos sin silenciar, las videollamadas en vivo o las grabaciones de las actuaciones que proliferan cada vez más en los teatros rompiendo por completo uno de los preceptos básicos que demanda el arte: atención.

Por más que las locuciones previas adviertan expresamente a los espectadores en todos los idiomas que, por favor, se apaguen los móviles y que está prohibida la grabación parcial o total del espectáculo no hay día que alguien deslumbre al personal con su pantalla a todo brillo.

Además de la falta de educación que implica el gesto -para el resto del público y, sobre todo, para los que en ese momento están en escena y precisan de concentración extrema-, tener entre manos el dichoso smartphone desvela la peligrosa dependencia a unos aparatos que están acabando con la propia experiencia de observación de la obra artística; y de nuestra manera de relacionarnos con el otro y mirar el mundo, claro.

Sin reparos, rompemos la intimidad del teatro, cortamos esos “vínculos invisibles” de los que habla la maravillosa campaña de la nueva temporada del Teatro de la Maestranza, y nos cargamos a golpe de clic la sensación de auténtica conexión con lo que estamos viendo, simplemente porque somos incapaces de poner el modo avión durante dos horas.

“¿Y si la auténtica protesta fuese callarse? ¿Y si la verdadera revolución empezase por quedarse quieto?”, se pregunta el investigador, Pedro Bravo, en su ensayo ¡Silencio! Manifiesto contra el ruido, la........

© El Correo de Andalucía