El zoco de Damasco
El zoco de Damasco. / Javier Puga Llopis
Cuando viene una mala mano en este póker que es vivir, el mejor antidepresivo, desde Aristóteles a Kierkegaard, es salir a pasear. Yo lo hago con mi cámara de fotos en ristre, en busca de tiempos pasados que aquí, en Damasco, no son difíciles de encontrar. Toda esta ciudad es historia, y sus gentes meros inquilinos de ella, siervos de Dios que se saben de paso por sus piedras bruñidas por mil civilizaciones que las anduvieron antes que ellos. Ese tránsito vital transcurre por el zoco Al-Hamidiyeh –en honor del sultán Abdul Hamid II- y la inmensa galería que lo acoge. Cruza desde la parte de la ciudad más cercana a este siglo, jalonada con edificios históricos de principios del XX del arquitecto español Fernando de Aranda, y desemboca en las columnas romanas del templo de Júpiter, que enmarcan la imponente mezquita de los Omeyas, o viceversa, según cómo queramos andar ese espacio que aquí es tiempo. Esa travesía es ferial, un amable caos de gentes variopintas que lo observan a uno como a un extraterrestre,........
