“No me extraña que le hicieran bullying”. De la sensibilización a la acción
Menores entrando en clase en un colegio. / EFE
“No me extraña que le hicieran bullying” es una frase, cuando menos, intolerable.
La realidad es que algunos estudiantes, no “encajan” en el aula: por intereses distintos, formas de relacionarse que generan fricción o respuestas emocionales más intensas. Otros, simplemente —sin motivo aparente—, acaban siendo señalados por alguna persona.
El problema suele comenzar con el rechazo de unos pocos. Pero la situación se agrava cuando se instala en el grupo lo que denominamos una norma implícita: determinadas conductas negativas hacia ese alumno se toleran, pueden percibirse como aceptables, incluso justificadas por su “forma de ser”, se normalizan. En otros casos, simplemente nadie actúa, y la víctima se queda sola.
Desde mi punto de vista, la norma implícita es una de las señales más rotundas —y a la vez más infravaloradas— del acoso escolar. Y aquí está el punto clave: cuando detectamos una norma implícita de este tipo, vamos tarde. La imagen de ese alumno o alumna dentro del grupo ya ha sido construida en negativo, y revertirla es complejo. Dependerá de la duración del caso, de la afectación de la víctima y del comportamiento de los compañeros y compañeras, fundamentalmente.
Porque el bullying........
