La Rosalía que más ilumina es la que arde
Si mi tía estuviera en lo cierto cuando dice que "lo que se va a ser, se va siendo", yo debí nacer siendo una tibia, porque a los dos años ya pedía la leche tempadita. Ahora, los mismos que denuncian la polarización, exigen posicionamientos radicales y explícitos por mor de la justicia. No solo la duda, el matiz o el error son duramente condenados, sino que el silencio y la prudencia también son ofensivos y censurables. Ojalá pudiera contarle a mi abuela que su lema "tú no te signifiques" es hoy de imposible aplicación porque la mínima sospecha te condena al infierno.
En los manuales de conducta del catecismo woke contemporáneo, ese que se promulga en forma de reels de Instagram, observo estos días dos cosas. La primera es que parece haber una competición para ver quién engancha el micrófono al objeto más absurdo (cucharas, varitas de princesa, cepillos de dientes, etc.). La segunda, es la evidente deriva hacia lo que podríamos calificar como rigorismo moral. Y el problema no es que se juzgue, todos lo hacemos –toda ética lo hace–, sino que se haga sin mesura, sin contexto y, por supuesto, sin piedad ni posibilidad de perdón, con unos modos muy cercanos al totalitarismo.
Los mismos que denuncian la polarización, exigen posicionamientos radicales y explícitos por mor de la justicia
No pretende ser ésta la enésima columna sobre la pertinencia de separar obra y autor a cuenta de las declaraciones de Rosalía, sino que mi interés se centra en las reacciones que han hecho arder las redes a raíz del conciliador vídeo de disculpa en el que ha tratado de hacerse entender –ilusa–.
Que Picasso era un hijo de puta internacional lo supe mucho antes de llegar a la universidad, cuando entendí también la relevancia histórica de un genio que cambió para siempre el arte, así que soy de las que no necesita investigar las credenciales morales ni los antecedentes penales de un director........
