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El negocio ya no es el lujo. Es haber sido elegida

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07.08.2026

El camarero llegó con una cubitera cargada de botellas, la dejó sobre la mesa y se quedó de pie, esperando, con el datáfono en la mano. El chico sacó la tarjeta del bolsillo. Y antes de pagar, con el camarero delante y la máquina lista, le hizo un gesto a la chica que tenía al lado para que abriera la boca. Y ella la abrió.

Él le puso la tarjeta entre los dientes. Alguien se rió. Tres móviles subieron a la vez. Ella aguantó la postura el tiempo justo para que la grabaran, se sacó la tarjeta con dos dedos y se la devolvió. Él pagó. El camarero se marchó con la cuenta cerrada y la música siguió sonando. Diez segundos. Nadie alrededor lo encontró raro.

Martes, la una y media de la madrugada, una discoteca de Madrid con dos puertas: la de la calle, que ya filtra, y la de dentro, la del reservado, que es la que separa de verdad. Él era estadounidense y había venido por un concierto. Ella llevaba toda la noche bailando de cara a una pantalla, como casi todas.

Fíjate en el orden de las cosas de esta historia que es completamente real. La tarjeta iba a pagar el champán y lo pagó. Lo importante ocurrió en medio: durante unos segundos, el dinero de aquella mesa hizo una parada en la boca de ella camino de la máquina. Ella estuvo dentro de la operación. Ella no cobró nada.

Esa es exactamente la posición que ocupa una chica en una sala así: en el centro del pago y fuera del cobro. Y no es una posición improvisada. Tiene mercado, tiene tarifa y este verano se vende en Ibiza.

Allí se pueden alquilar modelos para pasar el día en un barco. Lo cuenta una de las empresas que lo ofrecen, en su propia web, en tono alegre, como quien anuncia un catering. No promete conversación ni compañía. Promete que tus fotos quedarán mejor y que tus amigos sentirán algo de envidia al verlas. Lo que se alquila no son ellas. Es la imagen de haber estado ahí.

Hace tres veranos esa empresa empapeló la isla con carteles de chicas de fiesta en alquiler y el asunto llegó al Consell d'Eivissa. La ley española de publicidad prohíbe usar el cuerpo de una mujer como objeto separado del producto que se anuncia. Los carteles se movieron de sitio. El servicio continúa, y no es el único.

Y los números apuntan en dirección contraria a lo que llena las pantallas. Cada otoño, la consultora Bain y la fundación italiana Altagamma presentan en Milán el retrato más fiable del mercado mundial del lujo. El último cuenta que sus clientes han pasado de 400 millones en 2022 a unos 340 millones en 2025. Y hay una cifra que lo resume todo: el 0,1% concentra el 37% del valor de todo el mercado.

El lujo verdadero cabe hoy en una habitación pequeña, y cada año caben menos. Su imagen, en cambio, no tiene aforo. Sale gratis y la mira cualquiera desde el sofá a las tres de la tarde. Nunca habíamos contemplado tanto una vida en la que cabe tan poca gente. Y cuanto más lejos queda, más vale el rato de haber estado dentro.

Por eso lo que circula por los móviles no es champán. Es un certificado de acceso. Y por eso queda la pregunta difícil. Por qué lo hizo él se contesta solo. Por qué abrió ella la boca, no.

Hace unos años, una investigadora estadounidense decidió averiguarlo. Su historia empieza con un coche en Milán. Tenía 18 años, trabajaba de modelo y la agencia le había prometido que alguien la recogería en el aeropuerto. Un chico italiano muy amable le llevó la maleta, le pagó un........

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