La necesaria ayuda para que Venezuela retome su vida
Venezuela se despierta estos días con un silencio que no es calma, sino ausencia. Tras dos terremotos consecutivos, el país cuenta ya más de 3.000 personas fallecidas, miles de heridos y de familias que han visto cómo su vida cambiaba en segundos. Las cifras son duras, pero detrás de cada número hay una tragedia: una madre que no encuentra a su hijo, un abuelo que lo ha perdido todo, un barrio entero que ya no reconoce sus calles y niños y niñas que no pueden ver truncado su futuro. Y ahí es donde nosotros podemos hacer algo para que no todo se derrumbe: ayudar a organizarse, para que las comunidades se sostengan unas a otras cuando el suelo falla.
En estos primeros doce días, como en las primeras horas, la prioridad ha sido salvar vidas. Ha sido encomiable la labor de los equipos de rescate trabajando sin descanso, de los voluntarios llevando agua, alimentos y linternas, de los hospitales y centros de salud atendiendo a heridos… mientras miles de familias esperaban noticias y el mundo entero se encogía aguardando en vilo por algunos supervivientes que rozan el milagro. Durante esa fase, cada minuto cuenta. Cada decisión se mide por una sola pregunta: ¿podemos sacar a alguien con vida? Es una carrera contra el tiempo, contra el cansancio, contra el miedo a nuevas réplicas. Y Venezuela, como tantas veces ocurre en emergencias, ha mostrado que cuando una comunidad se une, puede hacer lo imposible.
Pero hoy, sin restar un ápice de importancia a lo que aún queda por hacer en rescate, se abre una segunda urgencia que no puede esperar: retomar vidas. El país........
