Carlos Alsina y la hora de la verdad
Conozco a un tipo que ha conseguido poner de acuerdo a Ferraz con Génova, a La Moncloa con la oposición, a los nacionalistas con sus fantasmas. Se llama Carlos Alsina y ha logrado el beneficio de la unanimidad, retirándose de la zona caliente de la actualidad política. Imagino los corchos saltando a la misma hora en despachos irreconciliables, el único brindis transversal de la legislatura, el alivio discreto de tantos políticos que ya no tendrán que fingir naturalidad ante el micrófono donde se desvanecía el argumentario. Entraban en su estudio con un discurso impostado y salían con una radiografía de verdad. Alsina no entrevistaba, auscultaba. Y los oyentes escuchaban el soplo en el corazón del poder antes de que el poder supiera que estaba irremediablemente enfermo.
Que brinden. Los demás hemos perdido la brújula. No es una manera de hablar, sino una manera de despertarse. Durante estos años, tantos oyentes abrimos los ojos dentro de su voz. La radio nos sorprende indefensos, recién nacidos del sueño, sin las armaduras del día. Alsina jamás quiso adularnos ni levantarnos el volumen. Nos trató como a adultos y nos dijo qué pensar de los asuntos que nos sobrepasaban, no imponiendo la conclusión, sino enseñando el camino que llevaba hasta ella. Escuchábamos a Alsina para adquirir el punto de vista… propio.
No es fácil describir el sonido de la inteligencia, pero quienes hemos pasado tantas horas habitando su misma órbita —Marta, Fran, Mamen, María Jesús, Zúmer…— sabemos que se parece mucho a un silencio calculado, al roce leve de un folio que se dobla antes de la pregunta........
