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El señorito que intentó lo imposible en España: que los poemas se entiendan

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28.04.2026

Durante siglos, la cultura española ha estado dominada por el barroquismo. En nuestro país, por lo general, no se considera que un buen escritor es aquel capaz de transmitir ideas complejas con pocas palabras y de manera transparente. Sino quien utiliza una sintaxis compleja, metáforas verbeneras y muchos retruécanos. Si algo carece de sentido, debe ser porque es profundo.

Jaime Gil de Biedma, que nació en Barcelona en 1929 en el seno de una rica familia de la gran burguesía, se rebeló contra esa tendencia dominante. Se licenció en Derecho, fue alto ejecutivo de la Compañía General de Tabacos de Filipinas, vivió siempre como un señorito y, en su tiempo libre, fue un poeta realista. Él creía que la poesía debía ser clara y funcional. "Además de muchas otras cosas —escribió— un poema inexcusablemente ha de tener el mínimo de sentido que se exige a una carta comercial, puesto que el lenguaje no es solo un medio de arte, sino también, antes que nada, un bien utilitario del patrimonio público". La literatura confusa ejercía una mala influencia sobre la sociedad, creía. Era, escribió, como "salir a la calle y preguntar dónde está el Gobierno Civil y que te manden al edificio de Correos".

En consecuencia, su poesía es concisa y breve. Su obra poética completa cabe en un librito de 180 páginas. Pero también es emotiva. Gil de........

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