¿Qué hacemos con China?
China es hoy la segunda potencia económica mundial, capaz de discutir el liderazgo estadounidense. En determinados sectores económicos, su dominio del mercado mundial es abrumador. Quizá el mayor exponente sean las llamadas tecnologías limpias: coches eléctricos, baterías y sus componentes y energías renovables. En 2024, China produjo el 86% de los paneles solares producidos en el mundo y su cuota de mercado en determinados componentes de los paneles era aún mayor: 92% en células fotovoltaicas, 97% en láminas de silicio y 93% de polisilicio.
Promover inversiones chinas en nuestro territorio es una posible forma de beneficiarnos de su poderío económico. Una nueva edición de "Bienvenido Mr. Marshall" setenta años después. Nada que oponer, siempre que se cumplan dos condiciones y se respete una restricción. Las condiciones no son otras que asegurarse de que las inversiones chinas suponen una transferencia de conocimiento y tecnología y crean empleo. La restricción, obviar los sectores relacionados con la defensa y las tecnologías de la información. En un mundo de tensiones crecientes, nuestro sitio está con nuestros socios europeos y la OTAN. Cualquier jugada de adorno sólo debilita nuestra posición internacional.
La otra gran cuestión es si es posible competir con China. Es una pregunta más europea que española. La respuesta es, en mi opinión, positiva, aunque tengamos que recuperar décadas de retraso, siempre que seamos capaces de igualar las reglas de juego. El problema esencial es que China no sigue las reglas de una economía de mercado. Sus apabullantes cuotas de mercado en determinados sectores se han conseguido a través de bajadas de precios hasta que los competidores se ven abocados al cierre. Esa ha sido la estrategia de las empresas chinas, gracias a una combinación infalible: mercados internos creados gracias a inmensos subsidios, financiación barata e ilimitada, sostenimiento........
