El caso Errejón-Mouliaá, rehén del espectáculo mediático
Martes de febrero. A la puerta de los juzgados de Plaza de Castilla, Elisa Mouliaá, junto a su abogado Alfredo Arrién, contesta a los medios allí congregados. Los periodistas y cámaras taponan completamente las puertas de acceso al edificio. Un guarda de seguridad intenta evitar el bloqueo de la puerta, con escaso éxito. De entre el gentío, un hombre sale gesticulando mientras trata de abrirse paso y gritando que se aparten. Ese grito ciudadano es el golpe de realidad que todos merecemos cuando alentamos el morbo en asuntos mediáticos así. Nadie que sale de un juzgado de instrucción viene de pasar un buen rato como para andarse con delicadezas.
El asunto Errejón es uno más de tantos que convierten los delitos contra la libertad sexual en un campo de batalla ideológico donde no ganan ni denunciante ni denunciado y siempre pierden todas las víctimas. Todo se simplifica en una disputa cultural entre facciones feministas y entre sectores de izquierda y derecha, expulsando la técnica jurídica, la razón y los matices.
Según la denuncia de Mouliaá, todo comenzó en septiembre de 2021, durante una fiesta posterior a un evento literario en Madrid. Errejón, a quien llevaba como acompañante, supuestamente le realizó actos de contenido sexual sin consentimiento. No fue, sin embargo, hasta octubre de 2024 cuando la actriz escribió en X que era víctima de acoso sexual por parte de Íñigo Errejón, en el contexto de los testimonios anónimos sobre un ‘político madrileño’ que la periodista Cristina Fallarás había empezado a difundir en redes. Esa denuncia –que también presentó en comisaría– motivó la dimisión del político.
Desde que la actriz diera el paso, se ha montado un circo mediático alrededor. Influencers, periodistas "feministas", políticos y tertulianos han usado el caso para librar su batalla cultural. No es nuevo: cada vez que aparece una noticia de violencia sexual con famosos, los creadores de contenido basura se frotan las manos ante la perspectiva de horas de salseo bien pagado. En un absurdo paternalismo infantilizante, activistas de plató se alzan en víctimas por ‘capilaridad’ sin serlo, ocupan el........
