Lo que un alto dirigente de Vox cree que Feijóo aún no ha entendido
El primer ministro británico, Keir Starmer, está con un pie fuera de Downing Street por controversias tales como las polémicas sobre las ayudas energéticas a pensionistas y la designación de Peter Mandelson como embajador británico en Washington, esto es, por una décima parte de los escándalos que acorralan a Pedro Sánchez en España. Allí, las presiones internas de los laboristas son tremebundas; aquí, en el PSOE, triunfan la omertá y el relativismo absoluto, que es la semilla de la corrupción moral: si nada es verdad ni mentira, ni el mal ni el bien existen, todo, absolutamente todo, incluido Zapatero con el ajuar de la suegra, resulta defendible.
Mientras tanto, en el tout Madrid se siguen mesando los cabellos ante tanto despropósito y especulando sobre un posible adelanto electoral. Lo hacen como quien consulta el parte meteorológico esperando que anuncien una nevada en agosto. La insistencia en la fecha provoca ya una mezcla de risa y melancolía. Da igual finales de año, principios de 2027 o cualquier otra casilla del calendario. Sánchez ha conseguido algo políticamente prodigioso: consumir casi toda la legislatura sin gobernar de verdad y sin que nadie, ni dentro ni fuera de su partido, le haya obligado a pagar el precio de esa anomalía.
Pero ahora, por fin, el presidente ha incorporado la variable electoral a su discurso. Ha pasado de negar que una derrota presupuestaria condujera necesariamente a las urnas a sostener que, si eso ocurre, "tomará decisiones". Pues qué bien.
Los socialistas entienden que si las causas judiciales que afectan a la mujer y al hermano del presidente —las que más le tocan en lo personal— se van desinflamando o, al menos, quedan encapsuladas en el ruido procesal; si el 'fascismo' tumba los presupuestos más progresistas, sociales y expansionistas de la historia; si el juez Peinado sigue regalando munición política con cada auto contra Begoña Gómez; si la ampliación del censo exterior derivada de la Ley de Memoria Democrática altera algunos equilibrios; y si la derecha vuelve a autolesionarse en las dos últimas semanas de campaña, Sánchez todavía puede sumar con los socios actuales y seguir ocupando la Moncloa.
Ahí aparece Alberto Núñez Feijóo. El líder del PP sabe —o debería saber— que la próxima campaña no se jugará sólo contra Sánchez, sino también contra el recuerdo del 23-J y que, para que no le ocurra lo de........
