La hora del miedo
"Esto no puede seguir así. Entre lo de las elecciones andaluzas y Zapatero, estamos muertos", decían en petit comité varios alcaldes socialistas, con ese fatalismo tan español de quien ve venir la inundación y descubre que no tiene ni barca ni flotador.
Los pocos regidores que el PSOE conserva saben que el calendario se ha convertido en una trampa para ratones. Si las municipales llegan antes que las generales, serán arrastrados por el desgaste de Sánchez. Si coinciden con las generales en el famoso superdomingo, también. Solo si las locales se celebran después de una eventual debacle sanchista, con el partido ya en fase de reconstrucción, ven alguna posibilidad de salvar los muebles. Entre muerte y susto, vienen a decir, elegimos susto.
Hay miedo en los territorios socialistas no solo por lo que está pasando, sino por lo que muchos creen que aún puede pasar. Las corruptelas que afectan al Gobierno de la nación y sus satélites siguen abiertas. En el partido se esperan nuevos capítulos, de esos que no dejan margen para la explicación ni para el argumentario; de esos que convierten al tertuliano de guardia en mimo.
Indolentes y exangües, muchos cargos socialistas se sientan en el porche a ver pasar el cadáver de su enemigo y acaban viendo pasar el suyo propio.
Porque la política son también puestos de trabajo, nóminas, familias dependientes; no dependientes en sentido asistencial, sino orgánico. Familias que dependen del partido como otras dependen de una empresa, de una explotación agrícola o de un pequeño negocio familiar. Cuando un partido empieza a perder ayuntamientos, diputaciones, comunidades y empresas públicas, no pierde únicamente poder institucional, pierde el pegamento invisible que mantiene unida a una organización. Por eso el miedo es tan intenso: el sanchismo amenaza con dejar sin oficio a media fontanería territorial.
Muchos dirigentes territoriales sienten que el PSOE ha pasado a ser una filial del PSC: Cataluña ya no es un territorio decisivo, es el holding
A esa angustia se suma la percepción cada vez más arraigada en las federaciones de que el PSOE, como tal, ha mutado de personalidad. Antes existía un partido llamado PSOE con una poderosa filial denominada PSC. Ahora, muchos dirigentes territoriales sienten que existe una cosa llamada PSC y una filial llamada PSOE. El eje de gravedad se ha desplazado. Cataluña no es ya un territorio más, ni siquiera........
