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Las victorias de la doctrina Trump

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24.02.2026

Los cortesanos de la geopolítica están prendados con el aura china. Cada decisión, cada movimiento parece más astuto que el anterior. El Imperio del Centro siempre tiene una estrategia a veinte años, recursos, mejores conexiones y una suerte de control del escenario para que los actores contribuyan al éxito de su misión. En su argumento, las instituciones europeas carecen de capacidad estratégica y, cuando se toman decisiones de alcance, sea Mercosur o el nuevo acuerdo con India, estas parecen insuficientes o tardías.

Convendría ahondar en las relaciones UE-China como tabla de salvación del poder normativo de Bruselas, la industria alemana, la aeronáutica francesa o los productos agrícolas polacos. China está ganando la partida de la desglobalización y apalancará el consenso de Beijing, inversiones sin política. Europa tiene que abrazar esta narrativa. Porque allá está el futuro, rezan los creyentes, aun sin valores políticos compartidos.

Más aún, en la medida en que el presidente Trump es arisco y muy particular, el desdén intelectual y político hacia su figura es creciente entre las élites europeas. El hombre de Mar-a-Lago no es un estadista, sino un business man que busca acuerdos transaccionales y la conversión de la industria de seguridad y defensa en un servicio premium, de pago. No entiende la interdependencia compleja o la valía de las relaciones transatlánticas. No puede tener razón. Se equivoca. Hay que explicarle la ventaja comparativa de la globalización y el orden internacional basado en normas.

Hace años que no viajo a China, pero sí frecuento Washington D. C.. Vuelvo a las aulas, almuerzo (¡45 minutos!) con think tankers y consultores políticos, revisito mis fuentes. Leo y escucho análisis insiders sobre el proyecto trumpista. Por primera vez, tras mi reciente visita, me pregunto si........

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