menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Solteros o casados, nunca mejor

2 0
yesterday

Solteros contiene sol, casados contiene casa. Solteros contiene eros, casados contiene dos. La falsa etimología acierta sin querer, describiéndonos lo opuesto. En tiempos de mezclas o híbridos se mantienen los dos ejes sobre los que hacer girar tu vida. Vertiginosa decisión. Solteros, soltados. Casados cazados. Y esto no tiene género por muy general que sea. Y es su mejor estado, cuando la flecha es simultánea y mutua. Cuando no tienes del todo claro si eres presa o cazador.

Inevitable disyuntiva —dicotomía extrema— matrimonio y soltería. Cuartel que defender o un hogar que compartir. Salir de caza o a por caza. Refugio de oscuridad o de luz, con todas las sombras que tenga. Nevera que ocupa un espacio o ni un espacio en la nevera. Sofá disponible o lleno. Orden y concierto o caos y el desconcierto de sentirte desubicado. Fruta envejecida por la desgana o fruta desaparecida por la adolescencia. Leche semipodrida o leche por toneladas. Silencio o ruido elegido, elegía a todo trapo. Nicho o nido. Caso o casa. Casa o ni puto caso.

Añoro la soltería, la depresión dominguera. La resaca en solitario, la almohada como compañía, el diálogo con la tele, las persianas por los suelos, la peli que me dé la gana, la ensalada de retales, el pan de hace unos días. El salón como el de Ikea, casi todo por su sitio. La música no reguetonera. Las visitas imprevistas, la compañía por horas pagadas con el cariño. La cama revuelta y desierta. El desayuno no hecho, que se fue estando dormido. El recuerdo con sonrisa. La espera al siguiente encuentro. El réquiem por la rutina. El reto del próximo esfuerzo.

La previa del bar de al lado. El ascensor en silencio, cuando no arrebatado. La ropa como miguitas para desandar lo andado. La música más oportuna, la luz de tono perfecto, el beso como preludio de un encuentro apasionado y efímero. Amor que con amor se paga no tiene que ser eterno. El sexo te comunica y te mantiene ocupado. Hasta la siguiente llamada que siempre la hacen los cuerpos. Entre tanto, ese templo, en el que conviertes tu casa, dormita y te regenera. Te acoge con poca bulla, te oxigena. Si las paredes hablaran… sin duda me mudaría a otra que muda fuera.

Entre tanto, ese templo, en el que conviertes tu casa, dormita y te regenera. Te acoge con poca bulla, te oxigena. Si las paredes hablaran…

La libertad enclaustrada o el arresto domiciliario autoimpuesto no le sirve a todo el mundo. Hay que tener los arrestos que tienen los solitarios. Sin esa voz que te habla, te corrige o te consuela, sin el yo que llevas dentro, los techos parece que aplastan, las ventanas tienen rejas, las puertas se vuelven cancelas y la pena es condenarte a tu solitaria pena.

Por eso, la alternativa a la cueva del cavernícola siempre será un hogar. Y habrá gente que la aprecie, que lo pueda necesitar. La alegría de la casa son los gritos de los niños. Los reportes del colegio, el desayuno por alguien, el esfuerzo colectivo, la llamada de la sangre. Ingredientes de los vínculos que empiezan con los instintos y terminan en familia. La cadena que no rompe, esa que es de ADN. El lazo, el broche, la guinda.

La alternativa a la cueva del cavernícola siempre será un hogar

¿Se puede ser de los dos? ¿Se puede evolucionar? Yo he virado mi destino de ser soltero sin oro a ser esclavo de niños. Añoro aquel ostracismo como valoro el cubil habitado. Volvería a ser yo mismo sin dejar de ser el otro. Tiempos de comandarme dieron paso al soldado raso abrumado por las órdenes que el caos de una casa impone con tanto cuadro de mando. A cambio siento el cariño, las gracias por el cobijo y el calor de los abrazos. Había días de frío, reproches y desagravios que me hacía yo mismo. Hoy pienso ya en el equipo, en la escuadra, organigrama, en el reparto de tareas, en una cama poblada. Doble corazón, cuatro manos, coordinación y relevo. Ventajas que a veces atacas con cierta melancolía y con reporte de quejas.

La autocrítica de verdad, la de cuando estás solo, se vuelve crítica constante cuando montas en el coche. Autocrítica de algún modo. La corrección como mantra, los límites que se mueven, los objetivos difusos y las sorpresas que vienen, se sujetan por el vínculo de un mandato misterioso. Ese que reconquista tu egoísmo inmaduro y, sea por miedo al futuro o por evidencias pasadas, lo convierte en atadura. Con un nudo en la garganta te amarra a la vida misma. Y en ese éxito se basa que todo siga de por vida.

Y eso se materializa en un trozo de ti mismo que corre por los pasillos con energía infinita. Que demanda de tu esfuerzo, que manda más que un instinto, que exige sin conocimiento. Aún no sabe lo que pide. Será consciente de eso cuando le llegue su turno y tenga que cuidar a mi nieto. Y sabrá qué poco cuesta atenderle sus demandas por mucho que con la edad empiecen a doler los huesos.

Puede que tengamos días. Por una foto o un recuerdo. Que se mezcle en el insomnio la memoria y la nostalgia, la conciencia y la morriña. Y la inapelable matemática de los años que le queden a tu vida. O quizá sea menos energía por alguna racha mala. Pero hoy me pasé la noche pensando en mi soltería. Nada más despertar, el mini yo de tres años me quitó la tontería.


© El Confidencial