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Progresismo y conservadurismo

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03.04.2026

Una de las causas de la decadencia de Europa, según la interpretación de sectores conservadores hostiles hacia la UE, es el olvido de sus raíces cristianas. Los que comparten este diagnóstico contemplan con cierta envidia la reinvención de la Rusia postcomunista bajo la guía de Putin y, entre los más extremos, no parece que la guerra de agresión rusa contra Ucrania incomode en exceso. Se aprecia entre ciertos conservadores una gran animadversión hacia el inmigrante, no solo el que ha llegado de manera ilegal. El énfasis en la recuperación del legado cristiano de Europa suele ir teñido de un intenso sentimiento antimusulmán, y de una especial inclinación hacia Israel con independencia de las políticas que adopte, del que se admira su lucha contra el extremismo islamista. Si hay un ámbito en que se critica especialmente la deriva anticristiana de Europa, es en la normalización de la homosexualidad y, especialmente, de la transexualidad. Finalmente, el movimiento provida, muy implantado entre ciertos círculos conservadores, considera una aberración la aceptación del aborto.

En el espectro ideológico opuesto, autocalificado de progresista, se defiende con vehemencia aquellos puntos que centran la crítica conservadora contra la deriva anticristiana de Europa, especialmente todo lo relacionado con la ideología de género, la no discriminación por razón de la orientación sexual y el derecho al aborto. Se abraza un pacifismo incondicional, se enjuicia a Israel con especial severidad, sin importar si no se aplican los mismos baremos para juzgar actuaciones similares de otros países, y se rechazan políticas represivas de la inmigración ilegal. En el extremo de este sector ideológico, existe también una actitud hostil hacia la UE, por servil a los intereses del capital.

¿En qué posición queda la Iglesia en este debate tan enconado? Solo algunas iglesias están plenamente identificadas con los respectivos campos ideológicos. Así, la ortodoxa rusa está en total sintonía con todos los postulados del sector conservador más extremo, y algunas confesiones protestantes, como ciertas representantes de la Iglesia presbiteriana y episcopal, se alinean en buena medida con el sector progresista. La principal Iglesia por número de fieles, la católica, no encaja nítidamente en ninguno de estos dos bandos, pues en aspectos como la moral sexual y la defensa de la vida del feto coincide con los planteamientos conservadores, pero en otros, como la no demonización del inmigrante y su defensa del diálogo interreligioso, parece estar en sintonía con el sector progresista.

Ante la paradoja de la Iglesia católica, la reacción de conservadores y progresistas es muy reveladora. Como la historia europea se ha desarrollado en su mayor parte bajo una cosmovisión cristiana, el conservadurismo no tiene más remedio que aceptar la posición central de la Iglesia en la sociedad, aunque no ahorra críticas hacia "papas progres", como desde luego se considera a Francisco. Del lado progresista, se critica a la Iglesia por ser una institución retrógrada por fomentar la discriminación contra la mujer y los homosexuales, por encubrir los abusos sexuales del clero y también por alejarse del verdadero mensaje evangélico, aunque conceden que este mensaje encuentra eco en algunos papas........

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