Se construye faro moral. Razón, Moncloa
La izquierda clásica, socialdemócrata, sistémica y tolerante atraviesa una crisis profunda en el mundo occidental. Como nos ha explicado Villarino aquí, no es la única ideología tradicional que está pasando por el taller, y todo forma parte de una crisis mucho más compleja que afecta al modelo de las democracias liberales y que incorpora un preocupante elemento generacional; pero tal vez la suya sea la crisis más aguda. Y en España hay peculiaridades dignas de mención y que sitúan en el centro del tablero a José Luis Rodríguez Zapatero.
A modo de preámbulo, dos pinceladas: la sociedad española responde al final del Gobierno Zapatero en 2011 con una protesta social masiva llamada 15M y una mayoría absoluta del Partido Popular, su alternativa clásica tradicional. No cabe mayor rechazo. De ese 15M surgió un movimiento político que bien se puede describir como populismo radical de izquierdas que fracasó por muy poco en su intento de sorpasar al PSOE (85 contra 71 en 2016), pero que triunfó al inyectar el populismo en el engranaje socialista. El colaborador necesario ha sido Pedro Sánchez, impulsado por sus ansias de llegar al poder a toda costa, algo que consiguió en 2018 pactando con todos aquellos con los que dijo que no lo haría. Legítimo y legal, pero ideológica y políticamente muy discutible. Además, ese día el PSOE dejó de ser un proyecto de mayorías.
Es necesario recordar aquí algo que ha contado no hace tanto Emiliano García-Page, el último bastión orgánico del antiguo PSOE: en el Comité Federal de 2016, aquel que acabó con el intento de pucherazo y la expulsión de Sánchez, lo verdaderamente relevante no fue la lucha de poder entre el hoy presidente del Gobierno y Susana Díaz. Lo fundamental era dilucidar si el partido estaría dispuesto o no a pactar con "indeseables" como Bildu. El PSOE clásico no lo........
