Sánchez pierde crédito en Europa, pero no es Orbán: es Tsipras
Pedro Sánchez pierde crédito en Europa. El Gobierno dice que el presidente se ha convertido en un líder mundial contra la guerra, pero conviene enmarcar ese entusiasmo exclusivamente en la izquierda, y no precisamente en la más pragmática y moderada. Sánchez ya no es el socialdemócrata del comienzo de su mandato, un perfil labrado gracias a su buen inglés, a sus buenas maneras en las distancias cortas y a unas intervenciones bien trabajadas. Ahora es un izquierdista incómodo, aunque eso no significa que no mantenga influencia, y que no la ejerza. Incluso hay que reconocerle que su posicionamiento abiertamente crítico frente a la guerra de Irán ha facilitado que otros países (Francia, Italia...) abandonen el alineamiento con Estados Unidos e introduzcan matices en sus posturas, aunque sin llegar a empatar con España.
La fortaleza de Sánchez es, precisamente, la debilidad de los socialdemócratas. Su debilidad son sus políticas: en la UE no gusta Donald Trump, pero nadie quiere llevarse mal con él. Tampoco gusta Benjamin Netanyahu, pero nadie quiere enfrentarse a Israel. Y que Irán permita pasar barcos españoles por el estrecho de Ormuz se mira con desconfianza, porque los socios europeos no quieren alinearse con posiciones polémicas. "La originalidad de Sánchez genera recelos", advierten desde Bruselas. Tampoco se ha entendido su insistencia con las lenguas cooficiales en un momento en el que Europa está inmersa en debates existenciales sobre política exterior, defensa, competitividad o inmigración. De hecho, no se entiende la regularización masiva de inmigrantes, ni siquiera en la izquierda. Incluso en el grupo socialista hay cierto cansancio con que el presidente español, el más poderoso entre los líderes de S&D, imponga sus criterios.
En plena guerra de Irán y con el triángulo EEUU/China/Rusia mirándose de reojo, las instituciones europeas son especialmente sensibles a la reconfiguración del escenario internacional. Esta semana se ha producido un hecho relevante. El presidente polaco, Donald Tusk, ha dicho públicamente que va a dejar de compartir información con otros presidentes en el Consejo Europeo porque todo lo que dice lo sabe inmediatamente Vladimir Putin. Es un mensaje directo al presidente húngaro Viktor Orbán, amigo de Donald Trump y del presidente ruso. El enemigo en casa, el caballo de Troya.
Es un tema trascendente. En esta Unión Europea inacabada, el Consejo Europeo es un órgano esencial que le marca el paso a la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen. Si los presidentes de los 27 no comparten información sensible y buscan otros foros, la Unión Europea estará amenazada. Tusk lo dijo públicamente así: "La noticia de que la gente de Orbán informa a Moscú sobre las reuniones del Consejo de la UE en todos sus detalles no debería sorprender a nadie. Llevamos mucho tiempo sospechando de eso. Esa es una de las razones por las que tomo la palabra solo cuando es estrictamente necesario y digo solo lo necesario". Preocupante.
Orbán lleva 16 años presidiendo Hungría, por lo que es el asistente más longevo en el Consejo Europeo. Se las sabe todas. Proclamado por su grupo parlamentario, que es el de Santiago Abascal, como el protector de esa Europa tradicional y sin inmigrantes, Orbán es la personificación de la amenaza que para Von der Leyen supone esa derecha radical de tres cabezas. El 12 de abril son las elecciones en Hungría, y Orbán sigue por detrás en las encuestas, a pesar del apoyo público de Trump y Putin. De hecho, el vicepresidente norteamericano, J. D. Vance, ha anunciado que visitará Budapest en plena campaña. Esa es la magnitud de la importancia que concede el sector más duro del trumpismo a la presencia de Orbán en las instituciones europeas.
Dentro del Consejo Europeo, en el otro extremo ideológico se sitúa Sánchez, pero no es justo equipararle con la amenaza que supone Orbán. Eso es inimaginable: Sánchez ha radicalizado sus posturas y en Europa se sabe que es por una necesidad interna, pero el presidente español no es el Orbán del sur: es verdad que le ha dado la espalda a Estados Unidos y ha tensionado la OTAN, pero no tiene ningún tipo de connivencia con Putin. Es cierto que viajará a China dentro de quince días en la que será su cuarta visita a Xi Jinping desde que es presidente, pero también lo es que acaba de estar allí el canciller alemán, el conservador Friedrich Merz.
A finales de marzo de 2026, Sánchez es un elemento de incomodidad en Europa. En este momento, se parece más al fenómeno Syriza y su discurso está más en lo que representó el primer Alexis Tsipras, el de 2015, especialmente antes de la dimisión del ministro Yanis Varoufakis. Así es percibido hoy Pedro Sánchez en Bruselas y, por extensión, así es percibida España.
