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Marco Aurelio y los 'jeremías' de la derecha

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09.07.2026

Nunca se ha escuchado a Pedro Sánchez lamentarse de haber tenido que pactar su investidura con un condenado por sedición y malversación, con un fugado de la justicia o con un dirigente en cuya trayectoria figuran delitos graves de terrorismo. Nunca se le ha oído dolerse de las humillaciones a las que le ha sometido el portavoz de los republicanos catalanes en el Congreso ni de las invectivas, incluso de carácter personal, de la jefa de filas de los junteros secesionistas en el Parlamento. Nunca se le ha escuchado reprobar la conducta de sus socios de Gobierno, ni siquiera cuando se plantaron en la Moncloa negándose a participar en un Consejo de Ministros. Tampoco se ha oído a un ministro o a un cargo socialista —García-Page es la excepción que confirma la regla— formular reproche alguno a los fueros y desafueros del secretario general del PSOE.

La fortaleza de Pedro Sánchez reside en desafiar sus propias debilidades, contradicciones e insuficiencias políticas y éticas. No hay argumento, por rotundo que sea en su significación constitucional o moral —la ausencia de Presupuestos Generales, el engaño electoral, el gobierno al margen del Parlamento, o la corrupción que le rodea en su entorno familiar y en su partido— que le fuerce a reconocer un error, una responsabilidad o una culpa.

Es precisamente esa........

© El Confidencial