El desplome de Sánchez en los idus de marzo
Las elecciones en Castilla y León del 15 de marzo se presentaban inocuas en el ciclo electoral autonómico de las cuatro previstas por el PP en el primer semestre de 2026. Sin embargo, el buen resultado de los populares —mejor que en Extremadura y Aragón, al menos desde el punto de vista cuantitativo— y la desaparición el pasado domingo de la extrema izquierda en la región castellanoleonesa a costa de un ligero avance del PSOE y el frenazo a las expectativas de Vox, han transformado la situación política general.
Un buen documento de Génova sobre el perímetro de sus negociaciones con Vox, un discurso exigente de Feijóo a Abascal, enfangado en una crisis interna que ha dejado crecer con altivez, y la suma apabullante del bloque de la derecha sobre el de la izquierda en esas tres regiones -que con Andalucía podrían ser cuatro- (+23,9 en Extremadura, +15,2 en Aragón y +22,10 en Castilla y León) han determinado que la percepción de la crisis del Gobierno de coalición y de la izquierda en general sea más intensa y explícita.
La frívola escapada de la vicepresidenta segunda, ministra de Trabajo y todavía demediada jefe de filas de Sumar en el Consejo de Ministros, a la gala de los Oscar en Hollywood mientras su organización se hundía en la comunidad más extensa de España, y el hecho de que el candidato socialista, Carlos Martínez, hasta hace unos días alcalde de Soria, presentase un perfil muy difuso en su militancia sanchista, han sido circunstancias menores pero añadidas que sugieren que la eufemística izquierda a la izquierda del PSOE anda en deriva y que el sanchismo ha sido tóxico para los candidatos derrotados (Miguel Ángel Gallardo y Pilar Alegría) y lo será para los próximos (María Jesús Montero en Andalucía, Óscar López en Madrid y Diana Morant en Valencia).
La pifia de Salvador Illa en Cataluña, que el miércoles retiró el proyecto de Presupuestos de la Generalitat para 2026 -después de que no se aprobaran tampoco el año pasado- ante la certeza de que su socio republicano los abatiría, ha contribuido a fragilizar a Sánchez y al PSOE en el feudo que, hasta ahora bajo el control del PSC, resultaba su último bastión. La Moncloa no ha podido rescatar al presidente catalán de ese su particular naufragio porque cualquier concesión a ERC en materia financiera (además de la ya consumada por un importe de 4.700 millones adicionales) ahondaría más aún el abismo demoscópico en el que el PSOE se sitúa ya en Andalucía.
Mientras tanto, Óscar Puente echaba una palada más sobre el previsto ataúd político de María Jesús Montero al incumplir el compromiso de rehabilitar la línea ferroviaria Madrid-Málaga este mes de marzo, aplazándolo a finales de abril. La falta de transporte ferroviario en condiciones normales frustra en buena medida la temporada turística de primavera (Semana Santa) en Andalucía, y lo hace también en Asturias (Oviedo y Gijón), origen y destino de los Alvia que se cancelan los sábados y domingos hasta el mes de julio por obras en la infraestructura a la altura de la provincia de Palencia. La interrupción del servicio la anunció Transportes con solo tres días de anticipación. El presidente socialista del Principado, Adrián Barbón, no está precisamente feliz. Sumen esto: huelga de médicos y penoso estado de las carreteras.
La incidencia de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y las consecuencias sobre los precios energéticos trasladan, además, un incremento inflacionista que el Gobierno abordó el viernes en un Consejo de Ministros que remite al género de la astracanada. La reunión se tuvo que demorar por amenaza (con la boca chica) de los cinco ministros de Sumar que se ‘plantaban’ si el Ejecutivo no incluía en el decreto-ley contra la crisis las medidas que el Congreso ya tumbó en su momento: congelación de los alquileres y prórroga extraordinaria de los contratos de arrendamiento con vencimiento próximo.
La pamema dramatizada del quinteto ministerial de acompañamiento se solventó con otra pamema: en vez de un decreto ley, dos. El primero, con las medidas que las derechas en el Parlamento convalidarán el jueves (BOE de ayer: Real Decreto-ley 6/2026 de 20 de marzo por el que se aprueba el Plan Integral de Respuesta a la crisis en Oriente Medio, disposición que se contiene en nada menos que en 142 páginas) y otro con las que en ningún caso prosperarán (BOE de ayer: Real Decreto-ley 7/2026 de 20 de marzo sobre medidas en el alquiler en respuesta a las consecuencias económicas y sociales la guerra en Irán. Por comparar: la norma se contiene en cuatro escuetas páginas). Díaz, Urtasun, Rego, Bustinduy y García, ya saben que la disposición estará vigente un mes y que luego la tumbarán las derechas, pero el numerito, no obstante, les sirve para seguir en el sillón y aferrarse a un discurso de exigencia a Sánchez que nadie se cree. Efectivamente, fue un ‘salseo’.
La supuesta coalición no lo ha sido en esta legislatura en momento alguno, entre otras muchas razones porque el Congreso está dominado por las derechas heterogéneas que no han permitido al Gobierno aprobar ni un solo Presupuesto en lo que va de legislatura, hasta el punto de que, ante este panorama, ni la ministra de Hacienda ni el mismo presidente garantizan ya que haya un proyecto de cuentas públicas ni para este año ni para el próximo. Un ‘caso de éxito’ que pasará a la historia de la ciencia política.
Para cerrar el guion de este episodio agónico, ha irrumpido la incompetencia de la Moncloa y de Manuel de la Rocha, responsable del área económica en la presidencia del Gobierno, en el caso del presidente de Indra, Ángel Escribano, que hace poco más de un año era ‘el hombre’ del Gobierno en la compañía (28% del capital controlado por la SEPI) y que ahora, se ha convertido en su némesis empresarial. Al margen de otras consideraciones, lo que sucede en Indra sugiere, otra vez, la debilidad de Sánchez, que pudo expulsar manu militari a Álvarez Pallete de la presidencia de Telefónica (enero de 2025), pero que no logró evitar ni el cese de Ángel Simón como primer ejecutivo de Criteria (abril de 2025), ni despedir de Indra ahora al correoso Escribano.
En el escenario internacional, Sánchez se ha convertido, pasito a pasito, en un tipo marginal, por más que haya quien le considere un ‘líder progresista y héroe romántico’ en la gestión de la política exterior. Claro que ese texto se escribió antes de leer el artículo de Eugene Kontorovich en The Wall Street Journal del pasado jueves, 19 de marzo. Se titulaba ‘Cómo Trump puede castigar a España’. El académico llegaba a conclusiones inquietantes siendo esta la más siniestra de todas: "Incluir a España en la lista de Estados boicoteadores del Tesoro señala que el problema de la administración es con las acciones del gobierno de Sánchez, no con España en sí. Si los conservadores llegan al poder en las elecciones del año que viene y abandonan el boicot (o si el propio Sr. Sánchez lo hace), España podría salir rápidamente de la lista, como hicieron los Emiratos Árabes Unidos al sumarse a los Acuerdos de Abraham".
Y para poner punto y aparte, Gabriel Rufián, visto el panorama desde el puente, echa la caña y, repitiendo la experiencia en el Teatro Galileo de Madrid con Emilio Delgado (18 de febrero pasado), conversará con Irene Montero el nueve de abril en Barcelona para ofrecer al PSOE la posibilidad de posicionarse en una zona más cómoda que la actual y que Sánchez, auténtico y genuino líder de la extrema izquierda y del socialismo podemizado, pueda aducir que existen alternativas todavía peores y más radicales que la suya. Va tarde. El desplome ha comenzado con los idus de marzo de los que, como César, traicionado por Bruto, Sánchez no ha sabido precaverse. Porque la audacia como la avaricia de poder rompen el saco.
