Hacer algo, ¿ahora sí, compañeros?
Todos los referentes y dirigentes del PSOE con quienes hablé, sin éxito, tras la publicación en enero de un manifiesto en el que un grupo de militantes pedíamos empezar a organizarnos para conseguir un cambio en el rumbo político de nuestro partido, en interés de España, parece que ahora, cuando la situación es mucho más delicada, todavía, que entonces, ya empiezan a decir en público que "algo hay que hacer".
Reafirmo mi confianza en la inocencia del presidente Sánchez, como en la del presidente Zapatero. He trabajado con ambos, les tengo afecto personal y, más allá de mis amplias discrepancias políticas con uno y con otro, mantengo la creencia en su honorabilidad. Y sin aceptar que haya una operación judicial y política organizada para dar un golpe de Estado blando contra el Gobierno socialista, constato diferente trato judicial entre unos casos y otros, actuaciones erráticas de algún juez que deberían ser objeto de análisis por parte del Poder Judicial, así como la virulencia antidemocrática (presidente ocupa, gobierno ilegítimo, mafia organizada, etc.) de una derecha española que, en la oposición, ya enseñó estas mismas malas formas contra Felipe González y contra Zapatero, utilizando incluso a las víctimas del terrorismo y al mayor atentado en la historia de España (11-M) para desgastar al Gobierno socialista de entonces.
Pero si combatimos el fuego con más fuego, el incendio se extiende hasta hacer irrespirable el ambiente político hoy en España, con el riesgo de que, a través de las redes, tertulias, etc. se vaya extendiendo a una ciudadanía cada vez más tensionada, desilusionada y cabreada, poniendo en cuestión los fundamentos mismos de una democracia que se basa en el respeto a quien no piensa como tú. Y esto, se nota, todavía más en una España a la que la Constitución obliga al diálogo y al pacto transversal permanente si se quiere resolver problemas: desde la renovación del Poder Judicial hasta un Plan Nacional de Vivienda o un nuevo modelo de financiación autonómica más justo que el actual.
La actual estrategia socialista de responder a los ataques, más que críticas, de la derecha constitucional, con "y tú más", obligándola a lanzarse en brazos de la extrema derecha pensando que ello nos favorece electoralmente, me parece un peligroso error que, además, tensa las costuras de la convivencia democrática de forma peligrosa. Como decía Zapatero, citando al estoico Marco Aurelio, "la mejor venganza es no ser como tu enemigo". Sigo creyendo que el primer error, tras la pérdida electoral que sufrimos el 23-J (121 escaños frente a los 137 del PP), fue empeñarse en forzar una coalición de investidura artificial, soportada precariamente por dos principios: el rechazo que genera la extrema derecha y la permanente cesión del Gobierno ante las exigencias de minorías con las que solo tenemos en común dicho rechazo. Tres años incumpliendo la Constitución al no presentar los Presupuestos evidencia la fragilidad de esa "mayoría de investidura". Resalto: no me gusta lo que propone Vox, pero tampoco lo que proponen partidos que critican el régimen constitucional del 78, o que quieren independizarse de España. La socialdemocracia no es eso.
El segundo error ha sido empeñarse en empujar al PP en brazos de la extrema derecha como estrategia electoral, moviendo "el muro" que, inicialmente, como en toda Europa, excluía solo a la extrema derecha, para abarcar también a la derecha democrática. Hasta que el candidato socialista en Castilla y León propuso al PP acordar que gobernara el partido más votado o, recientemente en Extremadura, ofreciendo al Gobierno del PP apoyo presupuestario si se desvinculaba de Vox, la dirección socialista ni se ha planteado anclar al PP en la zona constitucional, alejándolo de Vox, recurriendo, si hace falta, a un apoyo........
