Pedro Sánchez, el gran impostor
Si no nos hubiera mentido tanto, Pedro Sánchez habría cumplido con su promesa de devolver al Partido Socialista a la socialdemocracia, el espacio de centralidad del que astutamente lo sacó para evitar que Podemos se hiciera hegemónico en la izquierda española. Muchos socialistas, incluso quienes no le apoyaron al principio, acabaron reconociendo el acierto de aquella estrategia, el giro a la izquierda del primer Pedro Sánchez, y le aplaudieron cuando, alcanzado el objetivo y neutralizado Podemos, convocó en Valencia un congreso del partido para proclamar ante todos que el PSOE volvía a donde siempre estuvo: "Socialdemocracia, socialdemocracia, socialdemocracia", repitió en infinidad de ocasiones. "Cada día de este mandato solo he tenido un norte: preservar el papel de la socialdemocracia española".
Aquel fin de semana, octubre de 2021, todavía con los miedos de la pandemia, pudo ser el último en el que Felipe González aplaudió a Pedro Sánchez, ignorante, como tantos otros socialistas, de lo que estaba por venir. Ya había pactado un gobierno de coalición con Pablo Iglesias, el político que le quitaba el sueño, según nos dijo, pero hasta eso era asumible si, finalmente, reconciliaba al PSOE con su historia democrática del último medio siglo en España. Una historia democrática y constitucional. Hoy, Felipe González representa la orfandad de decenas de miles de socialistas que ya no se reconocen en esas siglas, aunque sigan siendo las suyas y su nombre esté escrito en dos carnés de militancia, el del PSOE y el de la UGT. A todos ellos, Pedro Sánchez les habla desde la altura de su prestigio internacional, con Lula y con Sheinbaum, para recordarles que él es quien está "en el lado correcto de la historia".
Si no nos hubiera mentido tanto, Pedro Sánchez no se habría rodeado jamás de aquellas personas que........
