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La importancia del mote en política

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26.03.2026

Nadie insulta en España como un buen corrupto. Lo de los políticos es secundario y rara vez superan en originalidad a los motes que se ponen en los casos de corrupción. Puede ser porque necesitan una mayor sofisticación cuando hablan en clave entre ellos, porque exhiben una vulgaridad rastrera o, seguramente, por el arraigo del mote en la sociedad española. A José Luis Ábalos, el exministro de Pedro Sánchez que sigue en prisión a la espera de juicio, lo llamaba Koldo "el Barriguitas" y a algunas de las mujeres que contrataban para sus orgías las identificaban como "chocho volador". A Ábalos también le decían "el Jefe", pero se entenderá que era en otro contexto. "Esto es muy fácil, hay que buscar una estrategia para joder al perro", que es como se referían a Víctor de Aldama.

Hay casos en los que llegan ya con el mote puesto, como "el Bigotes", al que algunos llaman Álvaro Pérez. En ese caso, la Gürtel, el principal de la trama, Francisco Correa, fue él mismo quien se puso el apodo: "Don Vito, llámame Don Vito", como le dijo a uno de sus empleados. Un gran ponedor de motes ha sido siempre el comisario Villarejo, otro que entra y sale de la cárcel. A Rajoy le decía "el Barbas", que es tan poco original como llamar "la Pequeñita" a Soraya Sáenz de Santamaría. El aspecto es determinante para el apodo, como lo de llamar "el Albondiguilla" a aquel alcalde de Boadilla del Campo por su baja estatura y su complexión. Del porqué se referían al marido de Dolores de Cospedal como "el Polla de hierro" no haremos especulación alguna, más allá de la constatación de esta variedad de los motes en la corrupción española. Igual era sólo por su apellido, Ignacio López del Hierro. Quién sabe.

La cuestión fundamental es que esta profusión nos sirve perfectamente para destacar la riqueza de los motes en la cultura española, la mayoría de ellos referidos a aspectos físicos. Lo mismo que a Felipe I, yerno de los Reyes Católicos, lo llamaban "Felipe, el Hermoso", a Pedro Sánchez le dicen "el Guapo" cinco siglos después. Tan seguro y contento está el presidente de su mote y de su apariencia física que, incluso cuando intentan insultarlo, lo que hace es adoptar el mote y hacerse chapitas con él: "Perro Sánchez". Si nos damos cuenta, por lo tanto, el mote en política es una cotidiana ordinariez y es por esa razón por la que María Jesús Montero no debería escandalizarse ahora de que alguien haga burla sobre su porte. Además, si pensamos que deben repudiarse las valoraciones sobre la apariencia de cada uno, lo coherente es rechazarlas todas, cuando son melosas y cuando son hirientes.

Lo que no vale es que el PSOE convierta en activo electoral a su líder cuando, hasta la prensa internacional, empieza a llamarlo "Mr. Handsome", el ‘señor guapo’, y que se escandalice cuando alguien se mofa de la apariencia física de su vicelideresa, María Jesús Montero. Por muy torpe que sea Azcón, como veremos ahora, la reacción coherente de la todavía vicepresidenta primera hubiera sido la de admitir que se metan con su cara o con su cuerpo, de la misma forma que jalean que se elogie a Pedro Sánchez por su cara o por su cuerpo. Y más aún: María Jesús Montero no es la más indicada para escandalizarse de estas cosas cuando ella misma se divierte poniendo motes, como decirle ‘Mopongo’ a Feijóo o llamarle ‘calvo’ a Tellado. La también candidata a la Junta de Andalucía debería ser, además, de las más habituadas a este fangal porque ella llegó a la política con el mote adosado. Sus compañeros médicos la conocían por "la Farruquita", por su aspecto y por su carácter impulsivo, arrollador. El apodo se lo pusieron a finales de los años 80, cuando se estrenó en política como subdirectora de un hospital, nada más salir de la carrera. Desde entonces no se ha bajado de los coches oficiales.

Esa hipocresía en el juicio, de todas formas, es muy común en la izquierda. Los mismos que ahora se muestran escandalizados por "juzgar a una persona por su aspecto físico" están encantados, por ejemplo, cuando al alcalde de Madrid, Martínez Almeida, lo llaman "carapolla". Esto último les hace mucha gracia y lo repiten siempre. Todo lo expuesto no implica, obviamente, que el Partido Popular haya acertado con la polémica.

Lo que ha ocurrido con el presidente de Aragón, Jorge Azcón, es, en este sentido, una torpeza esperada. Revalida la consolidada costumbre del PP de dañarse a sí mismo en campaña electoral. Lo están convirtiendo ya en una tradición: se convocan unas elecciones y aparece un ‘outsider’ del partido dispuesto a reventarle los planes al candidato del PP. Y no, no se trata de ningún advenedizo, que en el Partido Popular cumplen con ese papel hasta los altos cargos más relevantes. Empezando por el propio Alberto Núñez Feijóo, uno de los grandes expertos en meterse en charcos y salir salpicado.

Alguno de los asesores de los partidos debería recomendar a sus dirigentes que no hagan chistes, sobre todo cuando no son graciosos

Lo de ahora del aragonés Azcón ha sido sorprendente por la precocidad, el mismo día en el que su compañero Juanma Moreno, presidente de la Junta de Andalucía, había anunciado su decisión de disolver el Parlamento y convocar elecciones autonómicas para el próximo 17 de mayo. Se ve que el hombre se sentía en la necesidad de hacernos partícipes a todos de una ‘reflexión’ sobre el aspecto físico de la vicepresidenta María Jesús Montero. "Creo que Pilar Alegría, físicamente, es más atractiva que María Jesús Montero; a María Jesús Montero se le va a poner mucha peor cara que a Pilar Alegría". Ya ven qué profundidad, qué originalidad, qué sofisticación…

Alguno de los asesores de los que disponen los partidos políticos, que son muchos, debería recomendarles a sus dirigentes algo tan elemental como que no intenten hacer gracietas y chistes, sobre todo cuando no son ni graciosos ni chistosos. Esa parcela es mejor dejársela a los guionistas de los programas más combativos de la televisión pública que trabajan para Pedro Sánchez. Ayer, la RTVE andaba con la retransmisión del debate del Congreso, con el presidente en la pantalla, y debajo de él apareció un rótulo: "Pedro Sánchez, en el Congreso por la guerra. Moreno Bonilla ha perdido la mayoría absoluta. Hace cuatro años tuvo una flor en el culo". Por supuesto, que RTVE no ha ofrecido ninguna explicación ni tampoco disculpas. Lo normal es que se hayan reído: como es un culo de derechas, les parecerá divertido.


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