El quilombo de los nietos y la cuenta de la vieja
'Lo relevante de la mentira no es nunca su contenido, sino la finalidad del mentiroso'. Cualquiera que quiera entender cada una de las polémicas que promueve el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, debe recordar siempre esa frase de Jacques Derrida, un filósofo francés fallecido a principios del milenio. Cada controversia, cada escándalo, cada polémica se guía por el mismo patrón y despliega idéntica polvareda de engaños, señuelos, excesos y supuestas bondades. Vamos a detenernos en tres polémicas encadenadas vinculadas con la inmigración y podrá verse con claridad cómo el presidente socialista utiliza, sin rubor alguno, la acuciante tragedia de la inmigración para su exclusivo beneficio político. No le interesa más.
La primera de esas polémicas es la Ley de Memoria Democrática, ampliación de la que ya se había aprobado en la etapa de José Luis Rodríguez Zapatero, el de las joyas, como presidente del Gobierno. (Esa ley -permítase el paréntesis- nació de una polémica inicial, que quizá se ha olvidado ya, por concederle Bildu la prerrogativa de introducir en la norma una disposición adicional, la decimosexta, que ampliaba hasta el 31 de diciembre de 1983 las torturas y la vulneración de derechos humanos del franquismo. La indecencia llegó al extremo de que quien presentó esa disposición fue la portavoz 'bilduetarra' Mertxe Aizpurua. Hay que tener muy pocos escrúpulos para concederle a los asesinos de ETA la distinción de "luchadores por la consolidación de la democracia" en sus años más sanguinarios).
Cuando se aprobó la Ley de Memoria Democrática, en octubre de 2022, lo que nadie podía prever es hasta dónde llegaría el despropósito, aunque al día siguiente de la entrada en vigor de la ley El Confidencial tituló: "Aprobada la 'ley de nietos'. El Gobierno colapsa los bufetes de........
