menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Jürgen Habermas, visto por su traductor al español

7 0
17.03.2026

Inevitablemente, estas líneas constituyen un hondo homenaje al gran pensador y enorme persona que acaba de fallecer. Lo haré con emoción desde la perspectiva de mi relación intelectual (y política) con la obra de Jürgen Habermas, al que solo traté personalmente en un almuerzo en Madrid auspiciado por la Embajada de Alemania después de traducir, con Ramón Cotarelo, su libro window.ECCO.emit('EC:import:ec-ecommerce-body-tag'); La reconstrucción del materialismo histórico por encargo de Jesús Aguirre.

Mi relación con la obra de Habermas fue ciertamente intensa durante mis estudios de Ciencia Política en Alemania, que inicié en Marburgo en 1972 y culminé con un infrecuente título de Lizenziat der Sozialwisseschaft (lic.rer.soc.) en Constanza en 1975, con un intermedio de dos semestres en Friburgo, donde había de nacer mi primera hija Heide-Elena. Yo, como estudiante español antifranquista, después de terminar mis estudios de derecho en la agitada Universidad Complutense había escogido Marburgo atraído por la fama de Wolfgang Abendroth, y fue este viejo profesor y luchador de la izquierda socialdemócrata, que estaba, sin yo saberlo, en su último año de docencia universitaria, quien me condujo a Habermas.

Uno y otro eran de un corte académico y político yo diría que francamente distinto, pero entre ellos existía una nexo personalmente muy importante: Abendroth era muy relevante para la carrera docente de Habermas, ya que gracias al viejo profesor de Marburgo (generoso, resistente, de “catedrático partisano” lo calificó con simpatía y respeto Habermas en uno de sus window.ECCO.emit('EC:import:ec-ecommerce-body-tag'); Perfiles filosófico-políticos, 1971), situado a la izquierda de espectro democrático alemán, desde luego mucho más que Habermas, y muy venerado por los estudiantes sesentaiochistas (cosa que, como es bien sabido, no se daba precisamente con Habermas), Adorno pudo conseguir en la “roja” universidad de Marburgo para su mejor discípulo la habilitación que en Francfort le resultaba imposible obtener de sus conservadores colegas académicos.

A Abendroth le pareció más formativo que yo estudiara la obra de Habermas que la historia del movimiento obrero y yo, claro está, seguí su consejo. Seguramente Wilde, que tiene aforismos para todo, habrá dicho que lo mejor que se puede hacer con un consejo es (al revés que con las tentaciones) … no seguirlo, pero este fue un consejo que nunca me arrepientí por haberlo acatado. ¡Cuánta razón tenía el ardoroso teutón! En Marburgo y luego en Friburgo y Constanza, me dediqué, pues, con sumo provecho y gusto al estudio de Habermas y en especial de los trabajos de bien temperada crítica anticapitalista del todavía joven y reflexivo izquierdista, sobre todo los ensayos más conceptuales reunidos en window.ECCO.emit('EC:import:ec-ecommerce-body-tag'); Técnica y Ciencia como ideología (1971) y su libro más de teoría filosófico-política window.ECCO.emit('EC:import:ec-ecommerce-body-tag'); Problemas de legitimación del capitalismo tardío (1973), la obra que más me deslumbró y me puso en línea de los mejores trabajos de la ciencia política española de la época, los libros de Manuel García-Pelayo, window.ECCO.emit('EC:import:ec-ecommerce-body-tag'); Burocracia y tecnocracia (1974) y window.ECCO.emit('EC:import:ec-ecommerce-body-tag'); Las transformaciones del Estado contemporáneo (1977), a mi juicio de valor muy superior a los trabajos aparecidos y publicados en estos últimos años, a título póstumo, sobre el Rey y estudios sobre la Constitución de 1978.

La obra de Habermas ya entonces estaba girando hacia otros enfoques más alejados del marxismo, tales como window.ECCO.emit('EC:import:ec-ecommerce-body-tag'); Conocimiento e Interés (1973) o, a pesar del título, window.ECCO.emit('EC:import:ec-ecommerce-body-tag'); La reconstrucción del materialismo histórico (1976) y su gran y vasto proyecto personal, window.ECCO.emit('EC:import:ec-ecommerce-body-tag'); la Teoría de la acción comunicativa y la fundamentación teórica de una democracia basada en el discurso y el diálogo libres.

Yo también seguí otros caminos profesionales que me alejaron algo del estudio sistemático de Habermas, pero no dejé de seguir de cerca también su ahora intensa entrega a los análisis sociales y políticos en los medios de comunicación, que a partir de esa época le convierten en uno de los principales, más agudos y más libres, críticos del mundo contemporáneo con dimensiones realmente universales. Así, Habermas se configuró, a la vez, como el gran filósofo de nuestra época desde su atalaya del Instituto Max Plank de Starnberg y en la voz intelectual más independiente y profunda de la opinión pública occidental, al margen de cualquier etiqueta política o de cualquier otra clase, sobre los problemas políticos, sociales, morales de nuestro tiempo.

Me pregunto qué diría hoy Habermas de su europeísmo tan centrado en la Unión Europea ante la preocupante deriva de von der Leyen

Es cierto que en ocasiones no he compartido totalmente sus posiciones. No me ha entusiamado su fórmula del patriotismo constitucional, que me resulta un tanto fácil, si no oportunista a primera vista, pero que no obstante he entendido y valorado como un esfuerzo por reunir en torno al Estado democrático la mayor base social posible. No me ha conmovido su idea de la democracia deliberativa, que puede debilitar algo la democracia política del parlamentarismo contemporáneo y fragmentar sin medida final la idea unitaria del pueblo, referencia básica de las instituciones democráticas, pero creo también que su insistencia en esa idea se puede compaginar con la búsqueda de una mejor democracia a través de una infatigable voluntad de discurso desinteresado y libre en ámbitos sociopolíticos y esferas de vida más reducidos o concretos. Me pregunto qué diría hoy de su europeísmo tan centrado en la Unión Europea si fuera testigo de la preocupante deriva de von der Leyen y otros dirigentes europeos por lo demás no tan inesperada para una organizacional supranacional nacida al calor de los mercados que no acaba de alcanzar una sustancia política y, menos aún, democrática, pero creo que no hay muchas alternativas ni se atisban para el futuro previsible. Hoy, precisamente en la dramática situación de la guerra en el Golfo, estoy seguro que éramos legión los que esperábamos su análisis y ahora empezamos a acusar la falta de su opinión ilustrada sobre el trumpismo y el riesgo de autodestrucción de la democracia estadounidense y otros riesgos globales más preocupantes.

Empezamos a acusar la falta de la opinión ilustrada de Habermas sobre el trumpismo y el riesgo de autodestrucción de la democracia estadounidense

Por encima de todo, considero a Habermas como el mejor ejemplo imaginable de ciudadano comprometido, de demócrata íntegro e integral, surgido en la Europa de postguerra, en especial en la difícil cultura política de la Alemania de después del nacionalsocialismo, que, por cierto, ha salido incólume de las ridículas insinuaciones sobre su insignificante pertenencia como adolescente a la Juventud de Hitler, en la que mucho que ver tuvieron, más que su voluntad, la familia y un ambiente tan impregnado por la guerra. Fango sin fundamento, que ha caído por si solo.

Gracias a Alejandro Sierra, director de Trotta, el mejor fondo editorial habermasiano en lengua española, he tenido la oportunidad de volver a ocuparme profesionalmente, en mi faceta de traductor, de Jürgen Habermas, casi cincuenta años después de versionar, con Ramón Cotarelo, La reconstrucción del materialismo histórico, a una edad, la mía, que me empieza a parecer avanzada, pero que para él, con la envidiable, feraz longevidad que ha sabido y podido disfrutar, no sería más que el principio de una nueva y vigorosa fase de vida intelectual. Alejandro me confió solo una “pequeña” parte de la versión española de su monumental window.ECCO.emit('EC:import:ec-ecommerce-body-tag'); Una historia de la Filosofía (2019 para la edición originar en alemán, y 2024, para la española de Trotta, en window.ECCO.emit('EC:import:ec-ecommerce-body-tag'); dos volúmenes). De esta obra, que no tiene nada que ver, pese a su más que modesto título, en la estela de Herder, con una historia académica al uso, Trotta me confió los capítulos relativos al mundo moderno, desde la Reforma teológica del protestantismo luterano a la filosofía secularizada del idealismo kantiano, una cuarta parte de sus casi 1.500 páginas de apretada composición. Adentrándome en la obra, como casi solo un traductor tiene que hacerlo por obligación, he quedado fascinado ante la imponente sabiduría de aquel infatigable nonagenario y he disfrutado con el encargo recibido, pero el encargo (la prosa de Habermas a veces es ciertamente complicada, dura, sin concesiones literarias) casi acaba con las fuerzas de este septuagenario traductor casi veinte años menor que el Gran Maestro.

“Lleva quien deja y vive el que ha vivido”. Son palabras de Antonio Machado para despedir líricamente a Francisco Giner de los Ríos, otro Maestro. Valen para Habermas como si hubieran sido escritas para él. Jürgen Habermas tampoco nos deja del todo, porque en su obra queda y en ella revivirá largo tiempo un enorme legado intelectual y en el recuerdo de su figura un soberbio ejemplo de vida.

*Jaime Nicolás Muñiz es traductor de Jürgen Habermas.


© El Confidencial