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El pucherito

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03.07.2026

En un país corroído por la demolición institucional y la corrupción política, una de las escasísimas cosas en las que se puede seguir confiando es la limpieza de las elecciones.

En España es materialmente imposible dar un pucherazo electoral, si por tal se entiende una maniobra ilícita que altere o falsifique sustancialmente el resultado de una votación. Ciertamente, no por la bondad de los gobernantes: creo capaz a Pedro Sánchez de organizar un pucherazo si pudiera. El problema es que no puede, y mucho menos usando para ello el voto exterior. Como máximo, algún pucherito tipo Tezanos o la televisión pública.

En mi opinión, hicieron mal los constituyentes petrificando en el artículo 68 de la Constitución los fundamentos estructurales del sistema electoral: sistema proporcional, entre 300 y 400 diputados, la provincia como circunscripción y un mínimo de dos escaños por provincia (porque si no, ya no sería proporcional). Todo lo importante está ahí. Lo demás es mero desarrollo reglamentario.

Los elementos esenciales del sistema electoral no cambiarán porque jamás se obtendrá el consenso político necesario para ello. Ante cualquier propuesta, los partidos hacen números y descubren que lo que beneficia a uno perjudica inevitablemente a otro. Dejo para otro día explicar la extendida falacia autoexculpatoria de culpar a la ley electoral (o al pobre señor D'Hondt, que no hizo nada malo) de los vicios de fondo de la política española.

Hizo muy bien Adolfo Suárez cuando, en el decreto que reguló las primeras elecciones de 1977, entregó al Poder Judicial el control entero del proceso electoral. Nadie ha osado cambiar eso desde entonces. La función del Gobierno en unas elecciones se limita a convocarlas y suministrar los locales para la votación. Todo lo demás (también el voto por correo) está judicializado y sometido a tales controles que sería necesario concertar a muchos miles de personas -magistrados, interventores y apoderados de los partidos, miembros de las mesas- para alterar el resultado.

En 2023 el PP no perdió la ocasión de formar gobierno porque le hicieran trampas, sino porque se hizo un lío con sus propios pies. Dos meses antes, con las mismas reglas, arrasó en las elecciones municipales y autonómicas. La repentina obsesión de los dirigentes de la derecha por protegerse de otro gatillazo habla de su escasa seguridad en sí mismos. Tal como están las cosas en España, si de las próximas generales saliera otro Gobierno de Sánchez no sería........

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