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Marruecos, la excepción a la Ley de Memoria Democrática

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"Presumían de la manera en que habían lanzado granadas sobre 200 hombres indefensos y aterrados" heridos republicanos ingresados en el Hospital San Juan Bautista de Toledo. Todos ellos murieron el 29 de septiembre de 1936 a manos de los regulares del coronel Mohammed Mizzian, el marroquí que alcanzó la más alta graduación en el Ejército de Franco. Tras la guerra civil ascendió a teniente general y fue capitán general de Galicia y después de Canarias.

El periodista e historiador estadounidense John Whitaker narró este crimen de guerra en la revista Foreign Affairs, de octubre de 1942. Él no asistió a la matanza, pero se lo contaron oficiales del Ejército español que estuvieron en esas fechas en Toledo. Whitaker sí fue testigo, en otoño de 1939 en Navalcarnero, de la violación y asesinato de dos jóvenes mujeres sindicalistas a manos de los hombres que mandaba Mizzian. "Asistí a la escena horrorizado e inútilmente indignado", escribió.

"Mizzian no fue un golpista cualquiera, tuvo una manera muy particular, muy salvaje de hacer la guerra", afirmó años atrás la historiadora María Rosa de Madariaga, autora del libro Los moros que trajo Franco. Gabriel Cardona, también historiador y autor de un ensayo sobre los generales de Franco, compartió esa opinión en conversación conmigo.

Mizzian tuvo una hija, Leila, recién fallecida, que creó una fundación cuya principal obra consistió en erigir el Museo del Mariscal Mizzian, a la gloria de su padre, en la casa que Franco le regaló en Beni Enzar, a tiro de piedra de Melilla. En sus 3.500 metros cuadrados exhibió unas cuantas fotos........

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