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¿Por qué es tan difícil reinventarse?

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friday

Desde que decidí reinventarme, he recibido infinidad de comentarios del tipo "por favor, explícame cómo lo has hecho, llevo tiempo pensándolo, pero no me atrevo", a menudo de clientes importantes en la cima de sus carreras.

Obviamente, no me refiero a cambiar de trabajo, algo ya habitual entre las nuevas generaciones y que está calando en las no tan nuevas. Me refiero, en cambio, a cambiar de carrera, de profesión, de actividad.

Durante décadas, la carrera profesional se entendía como algo lineal: uno se formaba, primero, luego se especializaba e iba progresando a lo largo de los años a medida que adquiría más experiencia.

Por contra, reinventarse raramente es lineal. Implica, en la mayoría de los casos, una regresión: menos ingresos, menor estatus o una identidad menos definida y, lo más difícil, incertidumbre frente al futuro. Sin embargo, ese aparente retroceso es, con frecuencia, el precio de una trayectoria más sostenible.

A veces, la reinvención es una respuesta racional a un mundo en el que las industrias y la tecnología mutan más rápido que las identidades profesionales. Otras veces, el ritmo de trabajo en determinadas profesiones hace que la salud se resienta, o que la conciliación sea imposible. En estos casos, el desencadenante es la necesidad de encontrar otra alternativa que sea viable, compatible o sostenible.

Pero hay otro motivo para la reinvención que se viene imponiendo últimamente de forma imparable, y que no responde a una necesidad en sentido estricto: el deseo de acercarse a una versión más auténtica de uno mismo.

A nadie se le escapa que la mayoría de las trayectorias profesionales comienzan con decisiones tomadas en condiciones imperfectas: información limitada, presión social o incentivos económicos inmediatos. Y, por supuesto, una clamorosa falta de experiencia, no ya en lo........

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