Lo que Donald Trump nunca aprenderá de Talleyrand
Alguien dijo que la demografía, como la productividad en economía, lo es todo. De hecho, no se entiende el mundo sin los flujos de población. Sucedió en el pasado, cuando los imperios buscaban extender su extensión territorial para incorporar más soldados a sus ejércitos y así lograr ser más poderosos y aumentar sus riquezas, y ocurre ahora. Hay una diferencia. Mientras que en el pasado el medio para ensanchar el territorio era la guerra o las alianzas entre monarquías, hoy los países hegemónicos en una región buscan crear zonas de influencia.
EEUU y la Unión Soviética lo lograron tras los acuerdos posteriores a 1945 —el reparto geográfico de la devastada Europa—, mientras que China ha seguido esa misma estrategia mediante lo que se ha denominado diplomacia económica. Su acción exterior pasa por aumentar su influencia política para asegurarse nuevos mercados.
Este esquema, básicamente, es el que ha funcionado en las últimas décadas. Sólo la disolución de la URSS, en 1991, alteró la correlación de fuerzas. La irrupción de China como superpotencia económica y comercial ha introducido una nueva variable. El despliegue militar para garantizar el orden geopolítico ya no es suficiente, como demuestra el fracaso de EEUU para derribar al régimen de Irán. Básicamente, por una doble razón que interactúa entre sí. Por un lado, la globalización ha creado nuevos mercados emergentes, principalmente en el Índico-Pacífico, y esos países ya no son los rehenes involuntarios de los acontecimientos internacionales que fueron una vez. Las metrópolis, por decirlo de una manera directa, ya no tienen la capacidad hegemónica de antaño.
Muy al contrario, un estudio reciente del FMI ha revelado que los mercados emergentes tienen cada vez más influencia, tanto a nivel local como mundial. Esto es así por una razón también evidente. La globalización ha creado sólidas cadenas de valor entre las economías, lo que explica que lo que suceda en cualquier parte del planeta afecta a las economías más industrializadas. También a los hegemones. El propio FMI tuvo que cambiar en los años 80 su terminología para explicar mejor el cambio que se estaba produciendo. Los países en desarrollo son hoy naciones emergentes. O expresado de otra forma, cualquier shock interno en esas economías tiene suficiente capacidad para alterar la vida de........
