La guerra más estúpida (vista por un ex primer ministro de Israel)
Es una paradoja, pero es probable que la mejor interpretación de lo que está ocurriendo en Oriente Medio desde los brutales atentados de Hamas, en octubre de 2023, la haya hecho un exprimer ministro israelí. El laborista Ehud Barak escribió en una ocasión que la primera ley de la guerra, enfatizada desde Clausewitz hasta Kissinger, es que debe tener un propósito político.
El Israel de Netanyahu, decía Barak, ignoró esta regla y no superó la prueba fundamental del liderazgo: mantener la calma, la sobriedad y la estrategia aun estando bajo presión. Ninguna de esas tres premisas se ha cumplido, pese a que, según Barak, uno de los militares más condecorados en la historia de su país, tanto las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) como el gabinete de guerra presionaron a Netanyahu para que definiera “el día después” en Gaza. Se negó. ¿Por qué?, se preguntaba en el artículo. Porque habría llevado a una verdad políticamente incómoda: derrotar a Hamás significa reemplazarlo con un gobierno aceptado por los socios regionales, la comunidad internacional y los propios palestinos.
Pedirle a Donald Trump, el principal y casi único aliado de Israel, sobriedad y templanza es una contradicción en sí misma, pero, al igual que Netanyahu, el presidente de EEUU asiste a una verdad incómoda. Sin estrategia, sin objetivos concretos y sin sus tradicionales aliados, Washington no sabe cómo salir de la guerra, como le sucede al propio Israel, que, tras haber devastado Gaza, el sur de Líbano y destrozado partes de Cisjordania, se encuentra en una encrucijada.
Su interés estratégico en reconfigurar la región aprovechando los atentados de Hamas se ha quedado en nada, más allá de los criminales asesinatos, porque su principal objetivo, derrocar al régimen de los ayatolás, no lo ha conseguido. Por el contrario, su estrategia ha acelerado un proceso imparable de fractura de la comunidad........
