¿Es Pedro Sánchez más de certezas que de dudas?
En su comparecencia del viernes Pedro Sánchez se presentó como el más social, el más ecológico y el más pacifista de los gobernantes europeos. También pudimos confirmar que es más sensible a las presiones del nacionalismo periférico (declarado "especie protegida" en la España sanchista) que a las de sus propios socios de la izquierda extrema.
Además, atención, puso en nuestro conocimiento que, gracias a él, a su "política del siglo XXI" y a su gobierno progresista de coalición, los españoles vamos a salir fortalecidos tras los efectos de la crisis por "una guerra que no avalamos" (¿y quién sí?), ya que nos van a sentar muy bien las 80 medidas contenidas en los dos decretos fletados en el Consejo de Ministros extraordinario del viernes. Decreto y medio, en realidad, porque uno de ellos nace lastrado por una confesada falta de respaldo.
Lo demás es salseo. Lo dijo mientras se vendía a los periodistas como un generador de certezas en un mundo que afronta el terremoto económico cargado de incertidumbre.
¿Y tú lo dices? Incertidumbre, eres tú.
Sus renovadas apuestas por el pacifismo ("No a la guerra"), el decreto energético, el de la vivienda, con desigual aceptación cuando pasen por el telar parlamentario, la apuesta por las energías renovables, el escudo social, la cruzada contra el odio, etc., etc., no están desactivando el clima de cuenta atrás dentro de la propia organización fundada por Pablo Iglesias hace más de 140 años. Eso sí, de reacciones encubiertas por el patriotismo de partido y la profesionalización de sus cuadros.
La parte sumergida del caso Illa es el último chivato del venidero fin de fiesta. Aquel retira los presupuestos porque ERC, su muleta política, los iba a tumbar. Eso impide la coronación del pacto que le hizo presidente. Incluía el separatismo fiscal (también llamado "singularidad catalana") en el marco de un nuevo modelo de financiación autonómica a escala nacional. Imposible perpetrarlo en vísperas de las elecciones andaluzas.
Más señales. No es verdad que los socialistas hayan salido bien parados de las elecciones de Castilla y León. Análisis averiado porque la suma de dos procuradores (de 28 a 30) no puede ocultar que su distancia con el PP ha crecido notablemente. Números cantan. La desventaja, tras las elecciones de 2022, era de poco más de un punto porcentual. Ahora es de casi cinco.
Sobre la opinión pública a escala nacional, por otra parte, siguen planeando los baldones adheridos de un tiempo a esta parte a una causa declinante por la corrupción, la credibilidad arruinada del líder, un partido políticamente desangrado, un Gobierno roto que funciona como un coche sin gasolina (sin PGE) y que practica la mendicidad parlamentaria por falta de respaldo estable.
Después de tres castigos encadenados (Extremadura, Aragón y Castilla y León) el líder del PP ha podido decir a Sánchez: "Es usted un perdedor". Tres de cuatro derrotas y falta Andalucía. Si Tezanos no lo remedia, el batacazo va a ser histórico. Sabedora de que el votante socialista se moviliza en generales y se guarda en autonómicas, la candidata Montero intentó convencer al jefe de hacerlas coincidir. Ya ha desistido.
Algo parecido a un estado de pánico pesa ahora entre los teólogos de la Moncloa. Les aterra lo que anticipan las encuestas para la marca PSOE en Andalucía. Pero les aterra más la expectativa de un bloque de la derecha que puede sumar por encima de los 200 escaños en las próximas elecciones generales.
