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Insultar a todo el mundo: los crudos diarios de un cocinero malagueño en el fin del mundo

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26.04.2026

Hay una órbita singular en este universo de la literatura donde se ubican los autores que no acaban de aterrizar en los sellos y suplementos convenientes. Diríamos que dan vueltas sin parar esperando su momento. Dan vueltas durante años. Escriben y publican en editoriales minúsculas. Cumplen cierta edad (cuarenta, cincuenta) y asumen su excentricidad. Y siguen escribiendo.

El motivo de esta soledad espacial suele ser la propia escritura. Aunque el mundillo se rige por amiguismos, estupidez, contactos y pura potra, hay gente que no acaba de encontrar su prosa. Diríamos que es la suya una prosa pre-literaria, siempre promisoria, como incapaz de alcanzar el último hervor. Los manuscritos que todos tenemos en el cajón de aquellos años juveniles, y que no decían aún las cosas que queríamos decir, son sus manuscritos recurrentes. Da rabia. No acaba de salir literatura; en rigor, no acaba de salir un producto.

Con todo y lo incompleto, existe en este carril de escritores frustrados un tema que les resulta único. Es el tema, justamente, de mirar el mundillo editorial desde tan lejos. Mientras que los autores consagrados, consagrables y, en fin, publicados entre Barcelona y Madrid nunca pueden hablar crudamente del negocio de los libros, a estos astronautas abandonados ya les da todo igual y pueden poner negro sobre blanco nombres y apellidos, intimidades y desafueros. Curiosamente, cuanto más sinceros son con su fracaso, más cerca están de hacer literatura.

No sabía quién era Joaquín Campos hasta que un señor se me acercó el otro día a donde estaba firmando (en el famoso Quiosco Miguel........

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