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¿Estáis preparados para la violencia que viene (de la izquierda)?

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21.02.2026

Cuando quiero aprender buenos modales, entro en Bluesky, la red social del respeto y los cuidados. Prófugos de X (antiguo Twitter), los perfiles más progresistas de España construyen allí consensos y manufacturan el amor. Dicen, por ejemplo: “Deberíamos matar a todo miembro de Vox sin excepción. Tanta democracia y tanta polla. Fusilamiento clásico y que se jodan por fachas y conservadores”.

Hay tedio. Eso noto también; tedio y activismo frustrado. El sanchismo, para el que le gusta o lo apoya o lo vota o lo medio vota, también puede ser una lata. La paz social de Pedro Sánchez pasa factura sobre todo al revolucionario: ni una huelga general bajo ninguna circunstancia. Está el revolucionario en su casa sin saber qué hacer, y siente nostalgia de los antidisturbios. Esas sí que eran buenas cañas, las de después de la carga de los antidisturbios.

Ya no hay manis, pancartas ni violencia policial. A mucha gente lo que le da la vida es la violencia policial. Que no te dejen pasar por una calle y te hagan ir por otra.

Se habla mucho estos días de un futuro tenebroso PP-Vox, y se va cargando el carcaj del miedo con las flechas de la resistencia imaginaria. En la superficie, hay una simpleza de bandos, un ganar o perder, la dialéctica de gobernar o pasar a la oposición, que parece definitiva y entendible.

Pero, por debajo, hay complicaciones psicológicas, morbo (atracción/reacción) y un como irse derritiendo confusamente. En concreto, los que temen el gobierno de la derecha no pueden esperar más, y quieren que gobierne ya, para ponerse a hacer revoluciones. “¿Cuánto tiempo llevamos aquí sin quemar ni una triste papelera?”, afirma Guillermo Toledo en la red social que les digo, la del amor. Ya ven, las papeleras son tristes. Las vidas sin quemar papeleras, más tristes todavía.

Entonces tiene más ganas de que llegue PP-Vox el que no les vota que el que va a salir ministro, porque siendo ministro, al final te lías, pero haciendo revoluciones siempre tienes razón, y sales de casa. Quemar papeleras (tristes), contenedores, correr delante de la pasma, salir en portada de El País en la clásica foto de la revuelta. Hay muchas ganas de pasarlo pirata.

Con todo, estas ganas traen peligro, porque llevan estranguladas mucho tiempo, y preveo que van a salirse de madre. Viene PP-Vox; pero viene, también, una gran violencia.

Es física política: todo el miedo que va acumulándose a un gobierno de derechas (“no tengo ni putas ganas de ver a Abascal como ministro de Interior”, dijo Rufián), desplaza una cantidad similar de violencia legítima contra ese gobierno de derechas por llegar. La gente ha visto Una batalla tras otra una vez tras otra, y su primera media hora prácticamente justifica a ETA. Si hay causa noble y revolucionaria, puedes llevarte por delante a cualquier ciudadano, de un tiro. Lo dice Paul Thomas Anderson.

Rufián ya ha nombrado ministro de Interior a Abascal, lo que, como forma de dar ideas, es curiosa. Pero Rufián y todo el que puede ha determinado ya que lo que viene es horrible, a pesar de no tener delante ni siquiera un horizonte electoral. La derecha ya ha ganado, ya ha nombrado ministro de Interior a Abascal y ya ha cerrado medios, deportado niños, prohibido formaciones políticas y puesto a Urdaci de vuelta en el telediario.

La derecha ya ha ganado, ya ha nombrado ministro de Interior a Abascal y ya ha cerrado medios de comunicación

Además de estos futuribles apabullantes, la derecha española es culpable de lo que haga Milei en Argentina y de lo que haga Trump en todo el mundo. Van a cobrar, los fachas de España, por cosas que aún no han hecho y por cosas que han hecho otros fachas. Basta decir que PP-Vox van a hacer algo espantoso para que sea cierto que lo han hecho, y merezcan represalias mayores. Suena sensato.

El camino puede volverse tenebroso, como hemos comprobado en Estados Unidos con el asesinato de Charlie Kirk y en Francia, con el de Quentin Deranque. La triste papelera nos da un poco igual, si la queman o revientan. Matar personas es ya otra revolución, una en la que nadie decente puede querer participar.

Pero diríamos que hay ganas, traumas, zumbados dispuestos a dar el paso terrorista y acabar con la vida de alguien. Los dos muertos del párrafo anterior han recibido el epitafio progresista inevitable: se lo merecían, por fascistas. Sin embargo, la revista satírica Charlie Hebdo y el semanario Marianne han apuntado ya en viñetas y portadas que seguramente hay más fascismo en matar a la gente que en cualquier idea que tengas en la cabeza, por muy reaccionaria que sea. El antifascista es ya un pre-terrorista, no lo duden.

A esta tensión desesperada hay que sumar la imprudencia de líderes, opinadores, pirómanos políticos y ex vicepresidentes del gobierno. Hablan de violencia como quien comenta el tiempo que hace. Llueva o truene, ellos están en su chalet. Peguen o maten, ellos disponen de guardaespaldas. Avivan el incendio con una piscina delante.


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