Sobre Rajoy
Con el artículo de Rajoy podemos hacer dos cosas: tomarnos sus palabras en serio o leerlas en su contexto, en su tono y en sus circunstancias. Las dos opciones son legítimas. Lo que resulta algo más difícil de defender es tomarse unas palabras en serio, otras a beneficio de inventario.
Si aceptamos que las palabras del presidente Rajoy poseen la gravedad que les ha atribuido nuestro Gobierno, deberíamos analizar con la misma profundidad, justicia y gesto compungido a quienes hoy le acusan y, ya puestos, su comportamiento.
No creo que Rajoy pretendiera conferir tanta trascendencia histórica a su artículo. Seguramente tampoco imaginaba que acabaría siendo examinado como un nuevo capítulo de los Protocolos de los Sabios de Sion. Pero, después de ver a nuestro pequeño Napoleón —a la sazón ministro de Asuntos Exteriores— hablando incluso de cárcel, no queda más remedio que abandonar la sonrisa y juzgar solemnemente las palabras del expresidente. Pongámonos, pues, la toga.
Nuestro pequeño Napoleón forma parte de un Gobierno que existe porque recibe el apoyo, a cambio de amistad, favores y algunas concesiones de menor importancia —como la gobernabilidad de........
