Sobre paranoias varias
Pico y Placa Medellín
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Por José Guillermo Ángel R. - memoanjel5@gmail.com
Estación Susto Continuado, a la que llegan los que ven ataques y señalamientos por todos lados, los que no miran hacia atrás porque suponen que los siguen, los que a cada cosa positiva le ven un futuro incierto, los que amanecen y lo primero que buscan son noticias que los tensionen, los que no admiten que los aciertos también existen, los que se miran al espejo y se presumen enfermedades, los que ya usan la IA como forma de adivinación, los que rezan pensando que el Dio (versión sefaradí de Dios) les está fallando, los que miran al otro esperando que no los contagie, los que oyen un ruido y solo imaginan balazos, los que buscan personas tóxicas para segregar odio y adrenalina, los que se disfrazan de animales alegando que esa es la manera como se sienten, los expertos en el infierno de Dante diciendo que de ahí ya no salimos, los que miran el celular esperando un thriller, los que van a un cajero electrónico y lo miran como a un supuesto estafador, los que le preguntan a la mujer dónde estaba y por qué y con quién (y viceversa), y siguen más sospechosos. En fin, de paranoicos se alimenta el día y con ellos cada hora es caminar por la cuerda floja.
La paranoia (y lo paranoide) se ha definido como una enfermedad mental caracterizada por delirios continuados que generan desconfianza permanente hacia los demás, llevando a tensiones extremas que generan agresividad. Y esta nacería de habitar entornos hostiles y con exceso de acosos (laborales, sexuales), convivir entre familias disfuncionales y recibir información contradictoria. Y si bien otros dicen que el asunto también puede ser genético (sufrir de los nervios, se decía antes), lo cierto es que lo paranoicos aparecen fácil cuando se los estimula con miedo, como pasa en la actualidad. Y esto lo tenía claro Albert Camus: el miedo es la estrategia para esclavizar a otros.
Y este miedo, que crece abundantemente y se devuelve a quien lo genera (a una acción, reacción), tiene su hábitat en las redes informáticas y su alimento en la truculencia. Allí, supuestamente amparados por la libertad de expresión (opiniones absurdas), se miente sin cesar, se da por hecho lo que no ha pasado, se especula de manera delirante y solo apunta a desbordar lo peor: invasiones violentas, ataques nucleares, economías en caída, monstruos que renacen, futuros oscuros, etc. Y en este etcétera, cabe el caos que se extiende y la ignorancia que no para.
Acotación: vivir con miedo implica cometer errores y defenderlos, desviar el análisis debido a los datos y crear ambientes polarizados que todo lo distorsionan, pues no hay diálogo sino ataques, deseos y frustraciones. Y en este punto, el de la adrenalina desbocada, los celulares cumplen su tarea. Son un miedo aumentado que llevamos en los bolsillos. Y entre más caros, más paranoicos.
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