Israel: unas elecciones que podrían acabar con el gobierno de Netanyahu
El martes 27 de octubre se celebrarán las elecciones legislativas israelíes, las cuales adquieren una gran importancia por ser las primeras que se realizan después de la destrucción de Gaza y porque Benjamin Netanyahu podría terminar perdiendo el poder.
En Israel, el gobierno depende de quién consiga una mayoría parlamentaria absoluta dentro de la Knéset, un Congreso unicameral de 120 diputados elegidos mediante representación proporcional. En esta ocasión, según diversas encuestas, ningún partido alcanzaría siquiera la quinta parte de los votos. Ello implica que nuevamente tendremos un gobierno de coalición multipartidaria.
Para complicar las cosas, existen dos grandes bloques de mayoría judía, ninguno de los cuales llegaría a los 61 diputados necesarios para conformar una mayoría absoluta que haga viable un gobierno. Esto convertiría a los partidos antirracistas, a los que se denomina «árabes» debido a que la mayoría de sus electores procede de la principal minoría no judía del Estado, en una fuerza que podría superar el 10 % de la Knéset y convertirse en una piedra en el zapato de ambos bloques.
Por un lado, tenemos a la coalición oficialista de Benjamin Netanyahu, quien ha gobernado durante aproximadamente 19 años de los 78 de existencia de Israel. Por otro, encontramos al bloque de antiguos aliados sionistas de Netanyahu que ahora quieren sacarlo del poder.
Netanyahu, la extrema derecha y los ultraortodoxos
El sector comandado por Netanyahu está liderado por el Likud, el partido que ha dominado el último medio siglo en Israel. Netanyahu ha encabezado guerras en Gaza, Líbano, Yemen, Irak, Siria e Irán, así como una gran expansión de los asentamientos y las acciones militares israelíes en Cisjordania. Su gobierno incluye fuerzas que proponen expulsar a millones de palestinos, anexar Gaza y Cisjordania, justificar las torturas y agresiones sexuales contra presos palestinos y avanzar hacia un Gran Israel mediante la conquista y anexión de territorios de Oriente Medio.
Netanyahu se basa en dos grandes soportes.
A su derecha se encuentran los extremistas del sionismo religioso de Bezalel Smotrich, ministro de Finanzas, quien se ha autodefinido como «fascista» y «homófobo», y Poder Judío, del ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, responsable de la policía y de las prisiones.
Ambos sectores propugnan la expulsión de los más de dos millones de gazatíes y la anexión de Cisjordania, mientras que algunos de sus dirigentes también han defendido extender el control israelí sobre territorios de Siria y Líbano. Sus planteamientos amenazan asimismo los derechos de los aproximadamente dos millones de ciudadanos árabes de Israel, a quienes quisieran someter a una limpieza étnica total o parcial.
En estos sectores también se han formulado propuestas de utilizar armas nucleares contra Gaza.
Ben-Gvir defiende la pena de muerte para determinados presos palestinos y ha convertido la horca en un símbolo de su campaña política, al punto de exhibir en su solapa un pin con la forma de dicho instrumento de ejecución.
Ben-Gvir suele aparecer en su propaganda electoral humillando a presos palestinos. En otro anuncio se representaba a prisioneros que entraban obesos en una instalación fabril y salían extremadamente delgados, una imagen que provocó críticas por sus resonancias con el Holocausto industrial nazi.
Un diputado del Likud, Hanoch Milwidsky, llegó a justificar públicamente la introducción de un objeto en el recto de un preso palestino. Durante una discusión parlamentaria sobre las denuncias de violación y tortura en el centro de detención de Sde Teiman, sostuvo que, si se trataba de un integrante de la unidad de élite de Hamás, «todo es legítimo».
Moshé Feiglin, dirigente de Zehut y aliado electoral del sionismo religioso, ha sostenido que el enemigo no es únicamente Hamás (Movimiento de Resistencia Islámica), sino Gaza en su conjunto. También ha presentado a los bebés palestinos como futuros atacantes terroristas y defendido la expulsión de toda la población de la Franja.
El segundo soporte de Netanyahu está formado por dos partidos religiosos ultraortodoxos: Shas («Guardianes de Sefarad») y Judaísmo Unido de la Torá.
Shas representa principalmente a judíos muy observantes de origen sefardí y mizrají, cuyas familias proceden en buena medida del mundo árabe y musulmán. Judaísmo Unido de la Torá representa principalmente a comunidades ultraortodoxas de origen europeo, cuyos integrantes suelen vestir completamente de negro.
Mientras Shas es más proclive al sionismo, importantes corrientes de Judaísmo Unido de la Torá no se consideran sionistas. El gran rabino Dov Landau, una de las principales autoridades espirituales del sector de las academias religiosas (yeshivás) originadas en Lituania, ha sostenido que los judíos vivían mejor bajo gobiernos árabes y ha responsabilizado al sionismo de haber deteriorado sus relaciones históricas con las poblaciones árabes.
Paradójicamente, los ultrasionistas necesitan gobernar con ultraortodoxos que no se identifican con el sionismo.
Lo que los une es que Netanyahu y sus socios de extrema derecha están dispuestos a mantener amplias exenciones del servicio militar para los ultraortodoxos, que representan una proporción creciente de la población judía israelí y dedican una parte importante de su vida al estudio de la Torá.
Por el contrario, los antiguos aliados de Netanyahu que ahora pretenden desplazarlo del poder se apoyan en el descontento de buena parte de los judíos israelíes que deben cumplir años de servicio militar y prolongados períodos como reservistas, arriesgando sus vidas o su integridad física, mientras numerosos ultraortodoxos reciben exenciones y ayudas públicas para sostener familias numerosas.
Según las encuestas más serias, el bloque de Netanyahu y sus aliados ultranacionalistas y ultraortodoxos quedaría muy por debajo de la mitad de los escaños de la Knéset.
Eisenkot y........
