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La historia de Ursicinio Martínez, tallador de Cristos en madera

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31.05.2026

La historia de Ursicinio Martínez, tallador de Cristos en madera

Ursicino Martínez, Ursi, en el taller.

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El Museo Ursi de Aguilar de Campoo (Palencia) custodia 160 piezas del escultor palentino Ursicino Martínez, un minero autodidacta que convirtió la madera de desecho en arte de primera división y rechazó un cheque en blanco por su obra.

Hay museos que se visitan y hay museos que se experimentan. El Museo Ursi, enclavado en el corazón de Aguilar de Campoo (Palencia), pertenece a la segunda categoría. Nada más cruzar su umbral, el visitante se encuentra con un trío de niñas jugando al corro (“el llamado trío La La La”) y con la sonrisa de Daniel De Vena, su guía y director, dispuesto a descifrar los chistes visuales que Ursicino Martínez Montiel sembró entre sus 160 esculturas durante décadas de trabajo silencioso, humilde y extraordinariamente original. “La obra de Ursi es una obra que no deja indiferente”, dice De Vena. “Es una obra que inspira”.

Ursicino Martínez, conocido universalmente como Ursi, nació el 20 de junio de 1932 en Villabellaco, un pequeño municipio palentino de la montaña. Murió en Palencia el 7 de enero de 2007, dejando tras de sí una trayectoria vital que parece más de novela que de biografía: minero de carbón, emigrante en Brasil, empresario de plásticos, inventor de una máquina para teñir polímeros, carpintero, y finalmente escultor reconocido en toda la provincia y más allá de sus fronteras. Un hombre que talló su primer cristo a tamaño natural con madera de roble de las galerías de la mina para ganar una beca de estudios, y que décadas después rechazó un cheque en blanco de un empresario gallego porque prefería que su obra se quedara en Aguilar.

La vida de Ursi no siguió los caminos rectos que suelen reservarse a los artistas de vocación temprana. A los 12 años ya tallaba madera con navaja y dibujaba retratos de sus amigos a lápiz, pero en 1950, con 18 años, sus primeros pasos laborales le llevaron a las entrañas de la tierra, a las minas de carbón de Barruelo de Santullán. Allí pasaría varios años, una experiencia que marcaría para siempre su mirada sobre el trabajo, la dignidad y el esfuerzo físico.

Fue precisamente en ese contexto donde Ursi daría el salto que cambiaría el rumbo de su historia. Alrededor de 1958, harto ya de la oscuridad y trasladado a la briquetera de Venta de Baños, decidió esculpir un cristo de tamaño natural en madera de roble, el mismo material que se empleaba en el entibado de la mina. Aquella pieza fue su pasaporte: le abrió las puertas de la Escuela de Artes y Oficios de Palencia gracias a una beca del sindicato. Allí........

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