Julián Rico y Rico “Canarrayo”: Historia de un exilio
Julián Rico y Rico “Canarrayo”: Historia de un exilio
Los niños segovianos de Rusia
Guerrilleros de la 21ª brigada.
Un club, un pueblo, una afición
El laberinto de la Sargentada y la memoria del corazón
El Acueducto y sus casas empotradas
En 1937, el gobierno republicano promovió la salida de España de miles de niños hacia distintos países, que se ofrecieron a acogerlos para salvaguardar sus vidas, amenazadas por los constantes bombardeos, y sustraerlos así de los desastres de la guerra incivil. Casi tres mil de esos infantes tendrían como destino final la Unión Soviética. Son los conocidos como los “Niños de Rusia”. En la lista de este grupo aparecen los nombres de dos niñas de Segovia capital, Ramona García Martín e Inés García Galán, y los hermanos Pedro y Teodoro Rico Sanz, naturales de Sanchonuño. Los cuatro, por distintas circunstancias, se hallaban en el norte de España cuando estalló la guerra y vivirían una experiencia de separación familiar y desarraigo en lejanas tierras. Un alejamiento que se prolongaría demasiado en el tiempo, hasta convertirse en un viaje sin retorno, como es el caso de los hermanos Rico Sanz.
Sin embargo, la experiencia de Pedro y Teodoro en Rusia constituye solo un capítulo de toda una vida de exilios en su núcleo familiar, del que fueron separados. Sin conocer el contexto y la historia previa de esta familia, no podríamos entender por qué los dos hermanos tuvieron ese destino, lleno de incertidumbres y encrucijadas.
El término canarrayo existe y se utilizó en la Tierra de Pinares para referirse al nudo, corazón o parte más dura de la madera del pino, capaz de mellar el hacha. Aplicado como apodo de una persona, estaría en relación con un carácter seguro, constante y firme tanto en las ideas, capacidad de trabajo o en el deporte. Este es el mote que en Sanchonuño estrenó Julián Rico y que nos da idea de cómo era su personalidad. Canarrayo nació en Sanchonuño en 1893, hijo de una familia de labradores con iniciativas comerciales. La calle Frontón en el pueblo hace referencia al trinquete privado que construyó la familia Rico. Era el complemento para el bar y tienda de comestibles que regentaban. Las consumiciones de los pelotaris, y de los espectadores que acudían a verlos, reportaban una ganancia extra los días de fiesta. Canarrayo estuvo entre los mejores jugadores de pelota de su generación.
Casó Julián Rico en 1920 con una joven del pueblo llamada Maximina Sanz Gómez, de veinte años. Al año siguiente nació su primer hijo Victorio, al que siguieron Pedro y Teodoro. Después nacerían Alejandro y María Luisa, pero ya fuera del pueblo.
La emigración de carracillanos al norte está pendiente de estudio. Sabemos que desde la segunda década del siglo XX fue el principal destino Villafranca de Ordicia (Beasain), en Guipúzcoa, a la fábrica de vagones de tren que demandó mano de obra que ya no cubría aquella comarca. Allí el jornal era de cuatro pesetas de media, que no se ganaban en los pueblos segovianos, pero el trabajo era muy duro. Fue en esta fábrica llamada CAF (Construcciones Auxiliares del Ferrocarril) donde algunos emigrados tomaron conciencia de clase.
DESTINO: EL PAÍS VASCO
Durante la dictadura de Primo de Rivera, Pasajes de San Pedro y su entorno portuario, en Guipúzcoa, experimentaron un gran despegue económico. Esto supuso una fuerte emigración interior y sería el destino elegido por Julián Rico para abandonar el pueblo. Él no era uno de los sin tierra, pero tal vez el deseo de mejorar su economía, o el sentirse estigmatizado por sus ideas, en un periodo en el que los conservadores andaban empoderados, le inclinaron a dar ese paso determinante. Se fija su salida un año antes del nacimiento de su cuarto hijo Alejandro en 1927, que circunstancialmente nacería en Melilla.
En Pasajes no faltó trabajo. Las actividades se habían potenciado con el desarrollo de la pesca de altura, con sus........
