El Poder de Elegir Bien
Por: Oscar Eduardo Trujillo Cuenca
“Votar bien es el primer acto de gobierno que hace un ciudadano.”
Estamos a las puertas de nuevos comicios electorales y más allá de los nombres, los colores o las alianzas coyunturales, lo que realmente está en juego es el rumbo del país, de las regiones y de nuestras familias.
Hace más de dos mil años, en la Atenas de Pericles, se hablaba ya de las cualidades que debía tener un gobernante; sorprende que, después de tantos siglos, sigan siendo absolutamente vigentes, donde el conocimiento, la capacidad de explicar y convencer con argumentos, el amor por la ciudad y el rechazo absoluto a la corrupción, son aspectos fundamentales del líder para gobernar.
No estamos hablando de teoría antigua, estamos hablando de criterios prácticos para decidir hoy, donde gobernar no es un reality show, no es un escenario para experimentar, por el contrario, donde se enfrenta desafíos complejos como, crisis económicas, transformación digital, cambio climático, empleo juvenil, ruralidad rezagada, inseguridad, competitividad global; no basta con buenas intenciones; se requiere preparación, experiencia y capacidad de gestión.
El voto responsable exige preguntarnos ¿Esta persona sabe cómo funciona el Estado? ¿Tiene resultados verificables? ¿Ha gestionado equipos, presupuestos, crisis? elegir sin revisar la trayectoria es como firmar un contrato sin leerlo.
Vivimos la era de la sobreexposición, donde las redes sociales, los discursos cortos, las frases incendiarias, son el pan de cada día, con mucha retórica y poco contenido. Un líder debe explicar con claridad, debe responder preguntas incómodas, debe sostener sus propuestas con datos y argumentos, debe tener la capacidad de convencer y no puede convertirse en herramienta de manipulación, estemos atentos, el populismo emociona, pero la gestión transforma territorios.
El elector responsable no se deja llevar por el volumen del discurso, sino por la coherencia entre lo que se dice y lo que se ha hecho; cuando el servicio público se convierte en proyecto personal, la democracia pierde; pero cuando se toman decisiones difíciles que son necesarias, aunque no generen aplausos inmediatos, significa pensar en el largo plazo, pensar en territorio, pensar en desarrollo, pensar en el bien general y no en la próxima encuesta.
Preguntémonos con honestidad ¿Este candidato quiere servir o quiere figurar?¿Construye equipo o divide para ganar? el liderazgo auténtico une, el oportunismo fragmenta.
La corrupción no es un escándalo mediático, es una escuela sin techo, es una vía rural sin mantenimiento, es un hospital sin insumos, no podemos normalizarla, no podemos justificarla, no podemos premiarla.
El voto responsable implica revisar antecedentes, alianzas, financiadores y comportamientos, la transparencia no se improvisa en campaña; se practica toda la vida.
La escritora Irene Vallejo habla del síndrome de la hybris, el cual es esa soberbia que invade a quien se siente invencible. Muchos líderes empiezan escuchando y terminan imponiendo, comienzan dialogando y terminan descalificando, se rodean solo de quienes aplauden y dejan de escuchar la realidad; el poder no cambia a las personas; revela quiénes son realmente.
Como ciudadanos, debemos observar no solo el discurso, sino el carácter, la humildad es una señal de fortaleza, la arrogancia es una alerta temprana. Es fácil culpar a los políticos, más difícil es asumir que cada voto suma o resta; la democracia no es perfecta, es frágil, pero sigue siendo el mejor sistema que tenemos para decidir nuestro destino colectivo y su fortaleza depende del nivel de conciencia de sus ciudadanos.
No podemos votar por rabia.
No podemos votar por moda.
No podemos votar por presión social.
Debemos votar por convicción informada.
Los invito a informarse, comparar propuestas, revisar trayectorias, exigir debates con contenido, diálogos sin fanatismo y, sobre todo, votar, pero votar con criterio, porque cuando usted deposita su voto, no está eligiendo un nombre, está definiendo el modelo de país, el tipo de liderazgo y el futuro que heredarán sus hijos.
La democracia no se defiende con discursos en redes, se defiende con decisiones conscientes en las urnas, donde el voto responsable no es un acto mecánico, es un acto de liderazgo ciudadano.
Y hoy, más que nunca, Colombia necesita ciudadanos que lideren con su conciencia.
