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Acuerdo Nacional para transformar a Colombia

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21.03.2026

Por: María del Carmen Jiménez

El llamado a un Acuerdo Nacional impulsado por “la Alianza por la vida” que lidera Iván Cepeda Castro es una propuesta que va más allá de una consigna política. Es una iniciativa para reconfigurar las reglas de convivencia democrática en Colombia, en un momento atravesado por la polarización, desconfianza institucional y persistencia de desigualdades estructurales.

 Lejos de ser un simple llamado a la unidad, se trata de una apuesta importante para transformar la política colombiana permeada por una lógica de confrontación permanente, hacia una lógica de coexistencia democrática con reglas compartidas, o mínimos comunes, sin eliminar la pluralidad ni el conflicto inherente a toda democracia. Su importancia radica en que evita escenarios de bloqueo institucional, facilita reformas estructurales, permite ampliar la base social de la democracia, contribuye a consolidar la paz como política de Estado y convertirla en un consenso transversal no en un tema de disputa partidista. Coadyuva también a generar confianza entre ciudadanos e instituciones y fortalece la ética pública.

Para que el acuerdo no se vuelva retórico e inoperante, no puede abarcarlo todo, como lo ha planteado el candidato presidencial Iván Cepeda, debe centrarse en aspectos básicos como: rechazo a la violencia política, reglas claras de competencia democrática, compromisos en temas clave (paz, justicia, derechos). Para que sea legítimo el acuerdo debe incluir a partidos políticos, movimientos sociales, sectores empresariales, organizaciones territoriales. Aquí es importante la articulación entre liderazgos como los de Iván y Aida que conectan institucionalidad y sociedad.

Es bueno precisar que un acuerdo para que no pierda credibilidad, requiere mecanismos de seguimiento y verificación, compromisos medibles sanciones políticas ante incumplimientos, y su viabilidad depende de actores con capacidad de generar confianza, dialogar con sectores opuestos, sostener compromisos en el tiempo.

En este punto, sin caer en la adulación, considero que   la apuesta de Cepeda por el Acuerdo Nacional no solo es válida sino creíble y necesaria. Pese a la tragedia familiar vivida por el asesinato de su padre, a las narrativas de odio, estigmatizantes y calumniosas construidas contra él, ha demostrado resiliencia política, canalizada a través de la defensa de derechos humanos y la búsqueda de justicia institucional.

Esa resiliencia no ha implicado neutralidad, ni ausencia de confrontación argumentativa, significa algo más complejo: la decisión de disputar el poder y la memoria sin recurrir a la lógica de la venganza, sino dentro de los marcos democráticos. No ha dedicado su vida a reproducir ciclos de violencia sino que trabaja por transformarlos.  Esto marca la diferencia frente a otros actores políticos. Su espíritu dialogante, el respeto por los adversarios, al igual que la coherencia entre experiencia personal y acción política fortalecen su credibilidad. Así lo reconoció recientemente uno de sus grandes adversarios, el presidente de Fedegan, al afirmar que “ Iván Cepeda es un hombre ponderado y reflexivo, es un hombre con el cual se pueden tramitar todo tipo de diferencias….”

El llamado a un Acuerdo Nacional impulsado por “la Alianza por la vida” no es solo un instrumento político sino una prueba de madurez democrática que demuestra la capacidad de una sociedad para convivir en la diferencia sin destruirse en el conflicto. 


© Diario del Huila