Cooperativismo politizado
Amadeo González Triviño
Lo que se constituye en uno de los elementos más aglutinantes de los seres humanos, bajo la premisa de la solidaridad en todos los esquemas productivos, conocido como COOPERATIVISMO, ha terminado por ser en nuestra región, y a lo largo de la historia colombiana, un fenómeno politizado, infectado a la usanza de nuestros políticos de turno: es decir, amparados por el manto de la corrupción, y usufructuarios de los órganos directivos y de control, como parásitos que se mueven sin importar la razón, el objetivo y el fundamento de cada una de estas organizaciones de la economía solidaria.
Según los postulados de los creadores del cooperativismo desde la aparición de los Pioneros de Rochdale y la forma como se difundió esta práctica en nuestro país, los primeros pasos hacia su consolidación empresarial, bajo el principio de la ayuda mutua, la igualdad y la democracia, como fundamentos o su eje central, buscaban voluntariamente edificarse para la satisfacción de esas necesidades económicas, sociales o culturales y por tanto, su participación y la posibilidad de renovación, de organización y de respeto por los demás en la toma de decisiones, deberían ser una constante en todo proceso de consolidación y de unificación de criterios, para el éxito y la permanencia de sus beneficios en forma plural y que los descalabros o yerros en que se incurran en su aplicación, terminen conjugándose en forma integral con el esfuerzo y el apoyo mancomunado de todos sus integrantes.
Este proceso a lo largo de nuestra historia, como hemos dicho, en nuestra región y en el país, no ha estado ajeno al proceso de corrupción y de menosprecio por el otro, como parte de una garantía de la herencia de quienes se han ocupado de lidiar y de trasladarse de un partido político a otro, o que como herramientas de esa labor, han generado o alcanzado protagonismo para erigirse como dignatarios o como miembros de los Consejos de Administración, en cuanta cooperativa llegan, para terminar direccionando a su antojo, la representatividad o el manejo de esas organizaciones y por consiguiente, perdiendo el rumbo de las premisas y de los objetivos del cooperativismo como fin social, como fin último de la organización.
Últimamente tenemos conocimiento de hechos y situaciones generadores de controversias por la manipulación que se hace de “dichos lideres” que salen luego a la política, o que abusan de ella, regresan al seno de las empresas cooperativas o bien, utilizan dichas empresas cooperativas para canjear favores y direccionar políticas propias de la tradición que todos conocemos, donde no hay transparencia, donde hay intereses mezquinos y se busca favorecer a unos pocos, en desmedro de la institucionalidad o de la organización que representa.
Es hora de volver los ojos por la senda del reconocimiento de un ejercicio que con apego a unos estatutos bien coherentes y direccionados hacia los elementos mínimos como la ayuda mutua, la solidaridad, la democracia y la participación, aunado a la renovación de sus cuadros, se proyecten estas empresas para poder erradicar, ese manejo malsano donde se imponen Gerentes de pacotilla o donde estos terminan siendo manejadores de los recursos o de las políticas de terceros para determinados propósitos personalistas y de abuso del poder, como sucede hoy en día.
No es posible que haya políticos de baja estirpe disfrazados de cooperativistas, que van en grupúsculos de cooperativa en cooperativa disfrazando su discurso, para terminar aprovechándose de la buena fe de los asociados, quienes terminan siendo víctimas de la improvisación y de los malos negocios o de las triquiñuelas para hacer figurar resultados exitosos, cuando la estructura interna y el manejo de personal, se hace de espaldas a la realidad y al reconocimiento del otro y de los elementos mínimos de solidaridad social, como debe ser su motor de desarrollo, hoy hay caos, desconfianza y hay una pérdida de sentido de solidaridad, que concita mi interés y me duele, como duele ese desmoronamiento social y humano que se da en algunos “cooperativistas de pacotilla”.
