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Harto consuelo

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28.03.2026

28 de marzo 2026 - 03:08

La muerte de Noelia Castillo es una tragedia personal y un fracaso colectivo. Su larguísima historia (con sólo 25 años) estremece. Cuántas irresponsabilidades y dejaciones en las distintas instancias del Estado, desde los servicios sociales hasta el Poder Legislativo. La casa de acogida ni fue casa ni acogió. Su terrible violación pone en evidencia la quiebra de la seguridad pública y la impotencia del Código Penal. En España, las víctimas pagan los delitos que sufren. Mientras tanto, las leyes –la eutanasia, el aborto– persiguen inocentes.

A pesar de mi desolación, no pienso que la existencia de Noelia haya sido en absoluto inútil. Deja un testimonio que entender y un cuidado que sostener. Sus heridas siguen abiertas. Ha expuesto la verdadera cara de la romantizada eutanasia y el rostro de un Estado sin piedad. Flota la sospecha de que en esto pesan también el ahorro del gasto sanitario y el aprovechamiento de la donación de órganos.

También queda expuesta la falta de empatía de un progresismo cuya tendencia al nihilismo teórico se encarna, en la práctica, en una desnuda tanatofilia. Véase cómo han celebrado la muerte de Noelia como una victoria del cadáver y un triunfo de los derechos individuales.

No todo se queda en la denuncia. Hemos asistido al ejemplo épico de su padre. A pesar de las debilidades que pudo cometer en su vida, se ha enfrentado al aparato estatal, al engranaje mediático y al derecho positivo. Noelia se ha ido con la certeza del amor de sus padres, y de un padre que no se ha rendido a la desesperanza fácil ni ha cedido al chantaje emocional.

A la vez, muchos y muy diversos han reaccionado. Antiguos partidarios de la eutanasia han reconocido su error por su falta de perspectiva. Gentes de izquierdas, como James Rhodes, se han desmarcado de su fortín ideológico para ofrecer ayuda a Noelia o rogarle que se arrepintiese. Se ha rezado mucho.

Ojalá nada se olvide. Un centro de ayuda, un movimiento cívico o una iniciativa de reforma legislativa debería llamarse “Noelia Castillo Ramos”. ¿Por qué, si ella eligió la eutanasia? Porque en el centro de la defensa de la vida tienen que estar las víctimas de la cultura de la muerte. Noelia ha muerto, pero su alma es inmortal y en nuestra mano está que lo sea también su memoria. Y que produzca un reguero de vida.

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