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Haciendo amigos

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16 de abril 2026 - 03:07

Dicen las autoridades chinas que, en secreto, Sánchez les ha expresado su apoyo al objetivo principal de Pekín: la anexión de Taiwán. Es creíble, porque el presidente español tiene la virtud de decir a sus interlocutores lo que quieren oír. Así le va, asume decepciones y cabreos ante la mentira, el engaño o la verdad a medias, eufemismo de la mentira.

En ese afán de hacer amigos, casi siempre con los que menos convienen a España, se está confeccionando una preocupante lista de no enemigos. No enemigos en el sentido estricto de la palabra, pero sí de personajes influyentes en el mundo que no tienen especial simpatía por Sánchez. Ocurre ya en la UE, donde la desconfianza hacia el presidente se demuestra constantemente cuando los que más cuentan prescinden de él en las reuniones en petit comité que son tan frecuentes. Y no se trata de ideologías, porque esos que mandan, conservadores, sí invitan al laborista Starmer, que además no es jefe de Gobierno de un país de la UE. Pero el Reino Unido importa, y también la opinión y capacidad de compromiso de su premier.

Sánchez suma colegas internacionales que no interesan especialmente a los españoles por su escaso talante democrático y en algunos casos por reconocida animosidad hacia España –como Sheinbaum– porque sitúan a los españoles en el lado oscuro de su historia, sin dar pie a ningún tipo de reconocimiento por lo mucho bueno que hicieron por sus países. Y en nuestro país suma amigos en los grupos que odian a España y lo demuestran permanentemente. Amigos cuya razón de ser, y de eso viven, es promover la independencia para dejar de ser españoles.

El presidente hace lo imposible para dar titulares desagradables. Aparte de sus sucesivas mentiras y engaños, hace tiempo que se toma la democracia a título de inventario, gobierna para los que le apoyan y no para todos los españoles, toma decisiones que nos dejan económica y socialmente temblando, ataca a quienes investigan la corrupción y nos humilla al nombrar ministros a personas sin trayectoria profesional y faltos de ordenada cabeza política. Personas que no ven prioritario trabajar para su país.

Se comprende que le cueste salir a la calle, recibe insultos en cuanto pone el pie fuera del coche; se comprende que se vaya a China en cuanto puede, allí le aplauden y jalean, a lo mejor porque efectivamente se ha manifestado por la reintegración de Taiwán. Y se comprende , y no es asunto menor, que el EGM haya registrado un subidón espectacular a la Cope y Onda Cero mientras la SER ha perdido unos centenares de miles de oyentes. El sanchismo empieza a ser antipático.

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