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¿Son los toros de derechas?

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07.04.2026

07 de abril 2026 - 03:06

Es un lugar común en el mundo taurino afirmar que los mayores males que amenazan el presente de la fiesta están directamente provocados por los que están dentro y viven de ellos, mucho más que por los que están fuera y la denuncia como una práctica bárbara impropia de estos tiempos. Anoten en el primer apartado a muchos ganaderos, empresarios y toreros que intentan ganar lo máximo arriesgando lo mínimo y en el segundo a los colectivos animalistas y otros que beben en los mismos abrevaderos ideológicos.

Hay un aspecto colateral a todas estas polémicas que está teniendo, al menos en los últimos años, una influencia determinante en la proyección que tienen los toros en el conjunto de la opinión pública: su significación política como espectáculo que atrae a púbicos de derechas y que provoca rechazo en los que se consideran de izquierda. Evidentemente, estamos hablando de las grandes ferias y de las grandes plazas y no de las corridas de toros, novilladas o capeas que forman parte consustancial de las fiestas de casi todos los pueblos de norte a sur de España.

Esta derechización del mundo taurino adquiere en Sevilla y en la Real Maestranza caracteres de canon, pero es un fenómeno que se puede apreciar en parecida medida en Jerez, en El Puerto o en Las Ventas. Quizás tenga que ver con ello el hecho de han sido líderes políticos de las diversas derechas, desde Santiago Abascal a Juanma Moreno, los que han levantado la bandera de la defensa de la fiesta, mientras los partidos de izquierdas, ahora en el Gobierno de la nación, se han dedicado a denostarla ya boicotearla. También habrá contribuido que el mayor referente de la torería en décadas, José Antonio Morante de la Puebla, no haya dudado, ejerciendo una libertad que nadie le puede cuestionar, en mostrar su abierta simpatía a Vox o su amistad con el presidente de la Junta.

Lo cierto es que los toros, que viven una especie de edad de oro tras haber atravesado por todo tipo de crisis, son hoy un instrumento más de la batalla cultural con la que unos y otros quieren ahondar los fosos en este país. En Sevilla, que como ha dicho algún taurino no es la primera plaza de España, pero sí es la primera del mundo, esta situación se vive como un elemento más del paisaje de la ciudad y tiene su reflejo en norma no escritas, pero sí estrictas, que van desde los códigos de vestimenta para asistir a la Maestranza a sus legendarios silencios que en otros lugares serían broncas monumentales. En la corrida del Domingo de Resurrección todo ello volvió a estrenarse como estrenan los toreros sus trajes de luces para la ocasión. El recibimiento al rey Juan Carlos dejó claro lo que piensan los tendidos sobre un monarca que tuvo que abdicar la Corona para que su familia no la perdiera y que tuvo una salida vergonzante de España para eludir la acción de una Justicia que le ha evitado el banquillo por estar blindado por el puesto que ocupó. Ir a las toros en Sevilla es por todo ello una toma de postura. Para bien y para mal.

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