Cuando la memoria se desvanece
Hay pandemias que no necesitan mascarillas ni guantes. No colapsan hospitales de golpe ni aparecen en titulares cada mañana, pero avanzan sin pausa, dejando a su paso un vacío difícil de nombrar. El Alzheimer es una de ellas: una enfermedad que no entiende de edades, que no pide permiso y que, cuando llega, transforma para siempre la vida de quien la padece y de quienes lo acompañan. Tenemos a nuestro alrededor una enfermedad que no atiende a edad, y que es cruel. Cruel para el que lo sufre y para quien está más cerca. Esa crueldad no reside sólo en el deterioro físico o cognitivo, sino en la lenta desaparición de aquello que nos hace ser quienes somos: los recuerdos.
Recordar es una forma de existir. Cada experiencia, cada gesto, cada historia compartida con otros va tejiendo la identidad. Por eso, cuando el Alzheimer comienza a borrar esos hilos, el impacto es devastador. No se trata solo de olvidar nombres o fechas; implica olvidar momentos que definieron........
