Erradicar la corrupción de nuestro paisaje
En mi escrito del pasado día 4 de marzo –‘¿Dónde estuvimos?’- recordaba el tratamiento parco y aséptico que los medios de comunicación daban en los años ochenta del siglo pasado a los terribles atentados que ETA cometía prácticamente a diario, que segaron tantas vidas y dejaron a tantas personas con mutilaciones físicas y mentales que hoy, más de cuarenta años después, las siguen padeciendo día a día.
He asistido en Madrid a la presentación del libro del que fuera ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, -‘Una verdad incómoda’- y en una de las intervenciones de este, que estaba acompañado por María San Gil, José María Aznar y Luis Ventoso, dijo algo que me ha hecho pensar. Habló de que en esos años del plomo, en el paisaje de su ciudad, San Sebastián, junto a Ulía, Igueldo, la isla de Santa Clara o la desembocadura del río Urumea (en Donosti, ría), estaba también el terrorismo, y que los habitantes de esa ciudad lo veían como algo más que pertenecía a ese paisaje. Creo que esa reflexión la podemos aplicar también a Pamplona, o a cualquier lugar del País Vasco o de Navarra. Aquí también se convivía con el terrorismo y, por eso, en un informativo de televisión se podía despachar un crimen de ETA en tan sólo 57 segundos. Hoy, con la perspectiva del tiempo, cuando vemos esas cosas, nos podemos llevar las manos a la cabeza, pero entonces, a la gran mayoría de los ciudadanos les parecía lo más natural y lógico que fuera así.
Reflexionando sobre esas palabras de Jaime Mayor y poniéndolas en el contexto de la situación actual, me da la impresión de que algo parecido le está sucediendo a día de hoy a la población española con los casos de corrupción. Constantemente estamos recibiendo noticias a cada cuál más grave: condena del Fiscal General de Estado, procesamiento de la esposa y el hermano del presidente del Gobierno, ingreso en prisión de un ministro y de un secretario de Organización del PSOE, casos ‘Koldo’, ‘Cerdán’, ‘Fontanera’, ‘DAO’, … o, aquí en Navarra casos como ‘Belate’, ‘Servinabar’, etc. En los que hay de por medio comisiones y dinero, mucho dinero “hasta como para asar una vaca”, así como prostitutas y violaciones a mujeres. Un día sí y otro también los medios de comunicación nos bombardean con noticias cada vez más graves y, aunque nos preguntamos ¿esto hasta dónde va a llegar? El hecho es que aquí no pasa nada porque estamos anestesiados y, como nos sucedía hace unos años con el terrorismo, la última noticia tapa y hace olvidar a la anterior y seguimos como si nada sucediera.
Por eso, al hilo de la reflexión de Jaime Mayor, las preguntas que me hago son: ¿qué más tiene que conocer nuestra sociedad para que reaccione? ¿Se necesita un crimen como el de Miguel Ángel Blanco para que se produzca una catarsis en nuestra sociedad? No lo sé, pero me parece que, dentro de unas décadas, cuando la situación actual se mire con perspectiva, como nos sucede ahora con el terrorismo de entonces, nos llevaremos las manos a la cabeza y diremos cómo pudimos ser tan insensibles y no reaccionamos entonces.
Ya sé que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, pero creo que ha llegado la hora de que en este país dejemos de ver a la corrupción como un elemento más de nuestro paisaje y la erradiquemos, como logramos erradicar el terrorismo de ETA. Está demostrado que si se quiere, se puede.
José Ignacio Palacios. Exconsejero del Gobierno de Navarra.
