menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Quo vadis, SNS-O

5 0
05.04.2026

Siempre había tenido la idea de que la Sanidad navarra es (era) de las mejores de nuestro país. Cuando he necesitado atención la he tenido, los médicos siempre hacían su papel, el centro de Salud de mi localidad funcionaba correctamente. Y sin embargo... Quo vadis, sanitas!

La historia arrancó el pasado verano. Mi padre, superada la barrera de los 80 años, comenzó a tener problemas con la próstata y tras una infección solucionada con medicamentos volvió a recaer de forma más aguda. Esta vez la infección vino acompañada de un hongo y un ingreso en octubre del pasado año. Tras un período en Geriatría del HUN le dieron el alta con hospitalización domiciliaria para seguir con el tratamiento del bicho en cuestión, ya con una sonda puesta para solucionar su dolencia puesto que, según nos ordenaron los urólogos de Urgencias, “es la medida que deberá adoptar hasta que le operen”. Insisto, principios de noviembre.

A mediados del mismo mes se suponía que deberíamos haber recibido la llamada de su urólogo, consulta telefónica. Silencio total. Lo mencionaré de pasada pero las infecciones de orina, no hace falta ser galeno, generan una confusión que agravan el cuadro de una persona mayor, así que la situación generó momentos de quitarse la bolsa (con los consabidos encharcamientos), de romper el depósito por la falta de costumbre e incluso, imaginen el dolor, de arrancarse la sonda misma y tener que sustituirla de urgencia en el Centro de Salud.

Para diciembre volvió la infección (tercera del año) y esta vez llegó, además de a la orina, a la sangre. Nuevo ingreso, nueva alta con hospitalización domiciliaria, una inoportuna intromisión de Asuntos Sociales (para esto sí hay personal, pero para profesionales de Salud no) y vuelta a empezar con los olvidos, despistes, “chandríos” en casa con cinco hijos, cuidadores a tiempo completo mientras torean con sus respectivas profesiones, tratando de solucionar las cosas como buenamente podíamos.

Hasta aquí seguro que es la típica historia que padecen miles de cuidadores a diario. Pero la gota que colmó el vaso, la bolsa de orina o el tarro de la santa paciencia llegó el pasado miércoles 11 de marzo en forma de consulta al urólogo. Porque el especialista en cuestión se hizo cruces al ver entrar a mi padre con una sonda, preguntando que por qué este señor la llevaba puesta, que por qué se le ha quitado la medicación (Tamsulosina) que debía tomar para reducir el tamaño de la próstata y así ver si es capaz de miccionar por su propia cuenta sin mediar operación alguna.

Pues eso. Señor Domínguez, señores jefes de, responsables de, directores de... ¡Muchas gracias de parte de José Luis por estos cuatro meses de sonda que no debería haberla llevado! De verdad, mila esker, merci beaucoup, thank you very much, obrigado, grazie mille... El propio paciente, que de regalo ahora debe de llevar dos meses más la sonda (parece que da igual dos, que cuatro o que ocho) se lo agradece de corazón. Por lo menos a día de hoy sabemos que en ya menos de 60 días podemos ver si le hace falta operar o no y, quién sabe, igual hasta tiene suerte y le retiran ese artefacto infernal al que, caprichos del destino, parece que se va haciendo. De todos modos la reclamación en Salud, que tendrá el mismo efecto que sus políticas para mejorar la misma, ampliar plantillas, dar apoyo a los profesionales y reducir las listas de espera, ya está cursada. La mejor del país... ¡Ja!

Francisco Javier Pérez Beroiz, hijo, cuidador y usuario de una cada vez más paupérrima Sanidad


© Diario de Navarra