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Tres cruasanes

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13.03.2026

Opinión | Escrito sin red

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, durante la inauguración del Foro contra el odio. / José Luis Roca

Tres cruasanes, tres, le llevó Manuel Vicent al hospitalizado Raúl del Pozo cuando el viejo columnista de Mundo Obrero, Pueblo y El Mundo se estaba despidiendo sin que se le notara. Eran de un templo madrileño de la exquisitez, de Pastelería Mallorca, esa que tan bien conocía el eximio columnista amigo de golfas, duquesas, burlangas, crupieres, y demás gente de mal vivir. Los amigos de toda la vida los describían como los cruasanes de Mallorca, como si mentaran algo sagrado sólo accesible para prosélitos de un culto de escogidos. Del Pozo ya sólo pudo con medio, pero lo saborearía como el recuerdo de Ava Gardner meando en un alcorque en una noche de farra en Oliver. Adiós al viejo comunista, al amigo de Vicent, del Butano, de Pérez Reverte, de Félix Sanz Roldán, de tantos compinches de redacción salteados de whisky y cigarrillos americanos. Adiós al miembro del Sindicato del Crimen, sindicado a otros criminales como Cela, Umbral, Trevijano, Martín Prieto, Pedro Jota, Antonio Herrero, Jiménez Losantos…, esos réprobos del periodismo patrio que amargaron tantos días a Felipe González: «Me quieren meter en prisión». Adiós al heredero de la columna de Umbral, que se ha ido con ochenta y nueve años, casi alcanzando los noventa que cumplió Vicent precisamente en el día aciago de su adiós. Adiós al ingenio hipocondríaco, a su talento, a su literatura, a los restos de un oficio de seductor impenitente. Adiós a los tiempos en que todavía comprábamos a dos adversarios irreconciliables, El País y El Mundo, para leer a dos amigos entrañables como Del Pozo y Vicent, tan distintos como inevitables, en la terraza del Bar Bosch, cuando todavía era el Bar Bosch y oteábamos por encima de sus columnas nutricias a mujeres radiantes.

Pero volvamos la mirada al irrealismo mágico de la actualidad política. Ana Redondo, la ministra de Igualdad, esa mujer vibrante capaz de emitir gritos estentóreos en el Congreso como nadie ha sido capaz de igualar, ni en decibelios ni en frecuencias, echó el resto en el mitin del PSOE protagonizado por Sánchez en la campaña electoral de Castilla y León. Transida de emoción y huérfana de sentido del ridículo, proclamó, dirigiéndose a Sánchez: «Eres el superhéroe de la paz y de la democracia, un referente de la dignidad humana, la democracia, la paz y la civilización». Ahí queda eso. Iguálenlo si pueden. No consta en las crónicas del acto electoral que Sánchez, Capitán España, ejecutara vuelos rasantes de celebración sobre la nutrida concurrencia de afines, ni que mencionara por su nombre a su adversario Donald Trump. Así son las cosas en España, donde, ya decía Chaves Nogales, hace más de ochenta años, todo es ilimitado y desaforado; y donde casi nadie sabe su oficio. El candidato a presidir la Junta, Carlos Martínez, alcalde de Soria, habilitador de puestos municipales para su hermana, su cuñada y una prima. Vayan uds. a imaginar a cuántos familiares y cuates de la izquierda transformadora puede colocar este filántropo en la administración autonómica. Pero si entre los socialistas no son motivo de censura las andanzas académicas y empresariales de Begoña Gómez ni el enchufe del hermano de Sánchez en la diputación de Badajoz, de la que ha cobrado, entre 2017 y 2015, 340.000 euros, cómo van a serlo los enchufes de Martínez en el ayuntamiento de Soria. Qué más natural que beneficiar a la familia biológica y política. Lo último y más extravagante, son las informaciones de El Español donde se cuenta que Koldo García, sí, el mismo de Carlota, colocó al exmarido de Miquel Iceta, sí, el exsecretario general del PSC y su actual presidente, ex ministro y actual embajador ante la Unesco, como piloto de una filial de Avoris después de recibir un rescate de 320 millones de euros. También le facilitó la compra de un arma que pretendía guardar en La Moncloa, donde vivían. Todavía recuerdo las reflexiones de otro tiempo de un dirigente socialista de una provincia del norte de España. Decía: «Ponemos en las listas electorales a los compañeros más honestos y los vigilamos como si fueran ladrones». Se ve que los socialistas de hoy no se parecen en demasía a los de otro tiempo. Son ellos quienes disfrutan con más fruición de los grandes beneficios del dinero público de esa gran madre nutricia, la partitocracia.

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Pero lo que ha soliviantado a nuestro héroe han sido dos hechos procedentes de Alemania. Uno, que Merz no le haya defendido ante Trump, que le atacó cobardemente en el despacho oval de la Casa Blanca. Desde la cancillería alemana argumentaron que lo hizo en privado para no reproducir la tensión del acoso de Trump y Vance al pobre Zelensky. Es que los alemanes de la derecha son unos cobardes indignos. Deberían tomar ejemplo de él, un valiente que no ha dudado ni un momento en ser el único líder político en el mundo que se ha enfrentado al narciso prepotente y grotesco de Trump. Que una cosa es enfrentarse a cara descubierta y tras una pantalla de plasma y otra es hacerlo a unos indignados de Paiporta jaleados por el Rey. El otro, que Von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea, declarara que «no debe derramarse ni una lágrima por el régimen iraní» o que «Europa no puede ser guardiana del antiguo orden mundial, que ha dejado de estar vigente; el mundo es otro y, por tanto, hay que jugar la partida con otras reglas». Una enmienda a la totalidad de la posición oficial española. Las palabras de Leyen han sido interpretadas como un alineamiento con el gran enemigo de Sánchez. Pero no ha sido este el que ha dado cumplida respuesta a la presidenta de la Comisión. Ha sido la vicepresidenta de la misma y ex vicepresidenta de Sánchez, Teresa Ribera, quien lo ha hecho, argumentando que Leyen se ha equivocado y se ha excedido en sus competencias alineándose con Trump. Ribera ha sido dura con Leyen, pero blandurria con la Forestalia de las renovables, por lo que su hombre de confianza en el ministerio de Transición Ecológica, Eugenio Domínguez, ha sido encarcelado. El presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, se ha sumado a Ribera: «¿Es que acaso no puede Europa seguir siendo la guardiana de los viejos valores?» Desde diversos ámbitos de la prensa independiente de izquierda y derecha se han censurado las palabras de Leyen, que se ha apresurado a rectificar; donde dije digo, digo Diego. Se la ha acusado de una posición concordante con los intereses de Alemania, aunque, ¿acaso no es Alemania quien manda en Europa? Un lío del copón.

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