Vivencias con el poder
Vivencias con el poder
Indicios bastantes, pruebas insuficientes
En los pasillos de las Salesas –ese teatro donde el poder se somete a examen– hay una escena recurrente: la distancia entre lo que se intuye, lo que se acredita y lo que finalmente puede probarse. Ahí comienza la coartada.
En el ámbito penal, las palabras importan mucho. Los indicios son señales: huellas, rastros, coincidencias que sugieren una relación con el hecho investigado. Son el material con el que trabajan la policía y el juez de instrucción en una fase provisional. No afirman: apuntan.
Las evidencias son esos indicios cuando han sido verificados, sometidos a contraste técnico o pericial. Ya no sugieren: conectan.
Y las pruebas, en fin, son las evidencias que se consolidan en el juicio oral, sometidas a los principios que legitiman la decisión judicial –contradicción, defensa, inmediación, publicidad– y que permiten al tribunal formar convicción sobre los hechos.
Ese tránsito –del indicio a la prueba– es la garantía misma de la libertad.
Pero conviene decirlo con claridad: los principios que rigen la responsabilidad penal no son trasladables, sin más, al terreno de la responsabilidad política.
La responsabilidad penal exige algo extraordinario: prueba plena, autoría acreditada, culpabilidad más allá de toda duda razonable. Es un estándar deliberadamente alto porque el........
