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Torrente, refugio de la vieja masculinidad

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22.03.2026

Torrente, refugio de la vieja masculinidad

Un código de complicidad masculina que no requiere adhesión plena al personaje, pero sí cierta disponibilidad para entrar en su clima

Torrente, refugio de la vieja masculinidad

El otro día fui al cine a ver Torrente, presidente y salí pensando menos en la película que en la sala. Yo esperaba, más o menos, lo previsible: un regreso nostálgico, una liturgia generacional, hombres de mediana edad reencontrándose con un personaje envejecido a la vez que ellos. Pero me encontré con otra cosa. Había, sí, mayoría de hombres. Y había también bastante público muy joven, chicos que no son ya la generación de Torrente. Esa fue la verdadera sorpresa. No que el personaje siga existiendo, sino que siga convocando.

El diagnóstico fácil sería también el más perezoso. No: una sala llena viendo Torrente no es automáticamente un mitin de extrema derecha. Ni todo el que se ríe con ese universo comparte sin más su mundo moral. Yo mismo fui a verla, y eso no me convierte en devoto del franquismo de bar, del machismo rancio ni de la brutalidad elevada a costumbre nacional.

La pregunta interesante no es qué representa Torrente. Eso ya lo sabemos. Expolicía franquista, zafio, machista, homófobo, racista: el muñeco está inventariado desde hace años. Lo relevante es otra cosa: qué sigue ofreciendo. Qué sigue poniendo en circulación para que hombres distintos, y también hombres jóvenes, entren todavía en ese clima sin sentirse del todo fuera de lugar.

Mi impresión es que Torrente importa menos como personaje que como coartada. O, mejor dicho, como ocasión para pensar algo más amplio: los privilegios afectivos de la masculinidad.

Durante........

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